sábado, 20 de marzo de 2010
Arlt
que si Shakespeare
hubiese vivido en nuestro país,
y en nuestro siglo.
Mejor dicho,
si alguna vez, digamos
el 15 de mayo de 1935,
metido en un café
de Corrientes y cualquier otra,
aferrado por la ventana,
alegre de descubrir la última porteñada
del mozo gallego
y amargado por la edición dominical de "La Nación"
sin leer,
en el montón con las otras.
Con un chau a un amigo que pasa
calculando las monedas en el bolsillo,
disimuladamente,
con una cancha que se adquiere
para pedir otro café
y que alcance para el tranvía.
Pienso viejo Arlt
que incluso a ese Dios,
gran inventor de muchas biblias
le sería imposible escapar
al misterio de la rara ciudad.
Indios, españoles, negros,
gauchos, orilleros,
griegos, judíos.
Cada día, cuando nos detuvimos
ante el espejo que es la ventana
a estudiar y decir, éste es nuestro dolor
y nuestra cara,
las pasiones humanas
y los fabricante de cañones
nos mandaban nuevas terceras clases
con mil nuevas maneras de amar
y de decirlo.
Mil maravillosas formas de ser hermano
y otras mil formas de dejar de serlo.
Cuando de esa masa de vidas confusas
surgían las chispas
de los cuerpos duros que chocan,
había que hacer arte,
que no podía ser tierno
y tampoco demasiado cruel.
Contar nuestra historia
con los reyes destronados
que mueren heroicos en sus gestos,
como hacerlo
cuando se vive rodeado
de todos hermosos pequeños trozos
de esa vida que formamos parte,
y la sentimos
con la ironía y perdón
con que se ve a un padre
italiano
que nos pagó el título de abogado
vendiendo verduras.
Había que contar el problema eterno
del bizco celoso,
y la tremenda mezquindad de los hombres,
que son capaces de crear hospitales de muñecas.
El drama del hombre porteño
es igual al de todos los hombres,
pero es el drama del hombre porteño,
y aunque se asombren algunos
el tango es bastante su vida triste,
ya crearemos la alegre,
cuando la sintamos.
En ese lento crecer
pusiste palabras reas
que para traducirlas necesitan media hoja
y si no me lo enseñaron todo
me ayudaron a conocer
que a las seis de la mañana
se encuentran viajando juntos
el que va al trabajo esperando muchas cosas
y el que regresa de su desnuda soledad
volviendo a ella
y todos juntos alimentan
la vida de esta ciudad,
que, porque sabemos sus penas
la queremos mejor.
El poema Arlt forma parte del libro El obelisco y otros poemas, del año 1959 y ha sido incluído en la antología Paseo por la capital de Luis Luchi del año 2003, seleccionada y prologada por Lilian Garrido. La ironía de un viaje consiste en que nunca se vuelve al lugar de partida, pero tampoco se lo deja nunca. Luchi nunca se fue de Buenos Aires.
viernes, 19 de marzo de 2010
Pablo Yanis en el trío Cuesta Arriba
Queremos destacar que el trío fue finalista en el Pre Cosquín 2010 en el rubro "Conjunto Instrumental". Y Pablo Yanis fue el ganador del Premio al Mejor Músico. Qué sonrisa se le habrá puesto al abuelo Luchi cuando se enteró!
Aquí la web del trío http://www.cuesta-arriba.com.ar y a continuación el vídeo donde interpretan el tango "Linea D" en esa final.
jueves, 18 de marzo de 2010
El mural de Parque Chas, homenaje a Luis Luchi
EL MURAL
MITOLOGIA PORTEÑA-PARQUE CHAS,
DE PEDRO GAETA
FUE DECLARADO DE INTERES CULTURAL POR LA LEGÍSLATURA PORTEÑA
La Obra, Mitología porteña-Parque Chas, que se encuentra en el club El Trébol de Parque Chas, realizado por el artista Pedro Gaeta, fue declarado de interés cultural por la Legislatura Porteña.
En la obra están representados los personajes típicos como Carlos Gardel, que sonríe junto a la orquesta y el bandoneón. En la pintura además aparecen los parroquianos que solían jugar a las barajas en el club y el gato gris que vivía en las instalaciones. También está representado el poeta Luis Luchi, el poeta de Parque Chas, gran amigo de Gaeta.
El mural fue pintado en setiembre de 1989 por el primer grupo de muralistas que dirigió el pintor, Gustavo Benito, , Natalia March, Pedro Sisnero, Gabriela Sosti y Analía Falcón, ellos pertenecían al Grupo Taller Expresión a cargo de Pedro Gaeta quien se encargó de la dirección y producción del mismo.
El mural fue pintado al látex acrílico sobre una pared interna del club y mide 5 x 2,50 metros.
Todo aquél que quiera visitarlo y observarlo con sus propios ojos puede hacerlo, el Club Social y Deportivo El Trébol está ubicado en Gándara 2840 pleno corazón de Parque Chas.
BREVE BIOGRAFIA DE PEDRO GAETA.
Pedro Gaeta artista plástico y vecino del barrio, vivió toda su niñez en Parque Chas y actualmente sentó raíces en “La viña del señor”, nombre con el que bautizó su casa en Villa Ortúzar.
Inicio sus estudios en la escuela Nacional de Bellas Artes. En 1957 realizó su primera exposición individual en la Galería H. Durante.
A fines de los 50 participó del grupo de jóvenes poetas y pintores surrealistas y comenzó a exponer con el grupo de Arte Nuevo. Junto a su gran amigo Luis Luchi, el poeta de Parque Chas, formó parte del grupo “Gente de Buenos Aires”.
Ejerció la presidencia de la SAAP (Sociedad Argentina de Artistas Plásticos) en dos periodos consecutivos 1973-1975 y 1975-1977.
Residió en España y Francia donde realizó varias exposiciones. Desde hace 21 años también ejerce la docencia en “El Taller de Artes Plásticas Expresión” que creara junto a otros dos jóvenes artistas en el Barrio de Colegiales.
Una de sus pinturas está representada en uno de los vítreaux de la estación “Tronador”de la línea “B” de subte que se inauguró el año pasado.
claramente.com.ar
Pedro Gaeta fue un gran amigo de Luis Luchi. Lo inmortalizó en el mural "Mitología porteña" que decora el club social El Trébol, de Parque Chas, donde ambos vivieron horas y horas de tertulias entre amigos de esa entrañable y laberíntica república.
generación abierta.com.ar
Apuntes sobre Luis Luchi |
Por Lilian Garrido |
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A quienes estén interesados en las biografías puedo contarles, por ejemplo, que Luis Luchi nació el 11 de octubre de 1921 en Villa Crespo, pero que a los 5 o 6 años de edad cambió los pagos de Adán Buenosayres por el laberíntico Parque Chas. Ejerció distintos oficios- fue obrero gráfico, vendedor viajante de libros y, principalmente, poeta -único oficio no abandonado-. |
La muerte de Luis Luchi Luchi fue para mí más que un amigo, un hermano del alma. Lo conocí como vecino en el barrio de nuestra infancia, Parque Chas; años después nos reencontramos en grupos de escritores y pintores que ambos frecuentábamos. Con compañeros de otras disciplinas artísticas, realizamos una intensa actividad cultural a la que se agregaba una fervorosa y consecuente militancia política. |
martes, 16 de marzo de 2010
La Nación, martes 16-03-2003
Mañana, en Parque Chas, se presenta una antología de su obra
- Solía decir que el dedo de la estatua de Colón en Barcelona señalaba hacia Parque Chas. Así, con una ironía a veces sutil, a veces áspera, Luis Luchi construyó una obra poética particular en nuestro medio. Anarquista, aventurero, caminador, el vate nacido como Luis Yanischevsky, hijo de inmigrantes rusos, nació en Villa Crespo pero se crió y creció en ese barrio tan particular de Buenos Aires, Parque Chas, presente en su obra aun después de abandonar el país, a mediados de los años 70.
Mañana, justamente en la esquina dilecta de su barrio dilecto, en la escuela Petronila Rodríguez, Andonaegui 1532 (altura Av. De los Incas al 5000), se realizará un homenaje y se presentarán una nueva antología, Paseo por la capital de Luis Luch i (Ultimo Reino), y la reedición de sus grabaciones. La fecha no es caprichosa: Luchi nació el 11 de octubre de 1921 y falleció el 21 de octubre de 2000. Algunos datos biográficos pueden decir que en los años sesenta fundó el grupo Gente de Buenos Aires junto con el poeta Roberto Santoro, el plástico Pedro Gaeta y el músico Eduardo Rovira. Y que publicó más de una veintena de libros, entre ellos El obelisco y otros poemas (1959), P oemas cortos de genio-El muerto que habla/ 48 penúltimos poemas (1970), Resumen del futuro (1984) y Poemas y pinturas (1999).
Amante de los bares viejos, de las librerías y de extensas caminatas, Luchi es uno de esos personajes que uno cree conocer desde siempre. Mañana podemos reencontrarnos con su vida y sus versos en el lugar que quería refundar como República Independiente de Parque Chas.
Esta nota del 2003 comenta la presentación de una antología publicada en Buenos Aires. Ya no es noticia, pero queremos reflejar en este blog la presencia del viejo Luchi en nuestra memoria colectiva. Y a veces encontramos en la trama de las notas, algunas pinceladas sobre nuestro poeta que van enriqueciendo la imagen que tenemos de él.
Luchi de actualidad
Suplemento Vitamina C
28 de febrero de 2010
Realismo atolondrado
Joven
para siempre
Por
Washington Cucurto
El primero que me habló de la
poesía de Luis Luchi fue Daniel
García Helder, y yo era un
muchacho (pensemos que estaba
en la década del 90, neoliberalismo a
morir, consumismo por todas partes) de
viente pirulos y monedas, que no iba a la
universidad ni tenía acceso a los libros
secretos de la mejor poesía argentina.
Leía más que nada por impulso; porque
era (y lo soy) un atolondrado de mierda
que, como una esponja, absorbía todo lo
que caía en mis manos: libros, letras de
cumbia, películas, comics, televisión,
revistas porno, revistas de poesía; en la
bailanta me enamoraba de paraguayas y
al otro día las llevaba a conocer el
Cabildo, a conocer el Jardín Botánico. De
toda historieta me sentía protagonista y
soñaba. Leer es soñar. Si hay algo que nos
abre el cerebro para tener sueños, además
del amor, es la lectura.
Daniel, fue el tipo que me abrió los ojos,
que me metió la poesía como un hisopo
por la oreja directo al cerebro. Sin Helder
y sin Daniel Durand, no hubiese leído
nada. Me hubiese gustado leer todo lo que
ellos leyeron y de la forma en que lo
leyeron. Toda mi vida quise ser como
ellos. Pero no podía, ni puedo, ni pude
nunca; aunque lo intenté siempre.
¿Qué hacía yo? Trabajaba y trabajaba,
me explotaban en un supermercado.
Durante 13, 14 horas cargaba bolsas de
papas, de zanahorias, jaulas de lechugas.
De pronto, leía El Gráfico, Diario Popular;
de golpe La Maga, la revista Flash.
“No, loco, tenés que leer a un poeta que
se llama Luis Luchi”, me dijo Helder en su
casa y me prestó uno o dos libros de
Luchi. Me acuerdo que uno de ellos fue
¡Gracias, Gutenberg! Eran los años
lamborghinianos, el boom de los nuevos
narradores argentinos a lo Thomas
Bernhard ¿se escribirá así?
Se imaginarán que nadie hablaba de
estos poetas. Helder sí, pulgar para arriba,
me hablaba de de Rodolfo Hinostroza, de
Gerardo Deniz, de Francisco Madariaga,
del gran Luis Rogelio Nogueras.
“Tenés que leer a Boccanera, a
Szpunberg, a Gonzalo Millán, a Héctor
Viel Temperley, (cuando nadie lo conocía,
Ediciones del Dock estaba a años luz de
editarle su obra completa, era un gran
desconocido).
“Tenés que leer a Martínez Rivas, el
nicaragüense borracho”. Y yo, como un
poseso o un evangelista del Once, con
toda la fe del mundo, esa que mueve
montañas, entré a leerlos, casi con
desesperación. Todavía nadie los lee. A
veces pienso que fui el último lector
apasionado de muchos de ellos. De
Juanita Bignozzi y de Diana Bellesi, me
habló también Daniel, de Zelarayán me
habló Durand.
Una vez osé hablar mal de Raúl
González Tuñón y Daniel me dijo con esa
firmeza que sólo él tiene: “Lavate la boca
antes de hablar de Tuñón”. Corrí a
releerlo.
Ustedes se van a reír, van a decir: “Pero
si a estos poetas los conocen todos”. No
señores, puedo asegurarles que en la
década infame del 90 pocos los leían, eran
inaccesibles para un muchacho de veinte
años.
De todos ellos, Luis Luchi es el más
joven y el más alegre, es el que más
optimismo me transmitió en la vida. De
más está decirles que fue el que más me
impresionó, me sentí identificado con lo
que escribía. Cuando me dijeron que tenía
no sé cuántos millones de pirulos no lo
pude creer. “¡Pero si parecen los poemas
de uno de nosotros!”. Y sí, Luchi, con su
poesía sencilla, su tono porteño y directo,
su eterna recorrida por la ciudad en sus
versos; su ironía, su humor siempre
latente, me enseñó que la poesía no tiene
por qué ser solemne para ser buena, que
también puede ser un montón de cosas
más. Un gran antipoeta a favor de la
poesía, no como Nicanor Parra que
cuenta chistes estúpidos para la gilada.
Luis Luchi es uno de los grandes poetas
de la generación del 60 y de todas las
generaciones anteriores y las que quedan
por nacer.
En Eloísa Cartonera ya estamos
imprimiendo El Obelisco y otros poemas,
el primer libro de Luis Luchi. Asombra
que haya sido escrito hace más de 50 años.
A los primeros 50 lectores que se
enteren a través de esta nota, les
regalaremos dos ejemplares, uno para sí
mismos y otro para regalar. Eso le
hubiese gustado a Luchi, compartir la
buena poesía, la amistad y la alegría. Eso
nos enseñó a todos sus lectores. ¡Gracias, maestro!
OBRERO DE DEMOLICIÓN
Le ponen en el brazo
una pesa de quince kilos
y le dicen:
esa casa que está acabada
llena de ratas y telas de araña,
sucia y sin revoque
donde se enfermaron y murieron
donde golpearon en las puertas
para llevarse a los rebelados
donde gruñeron y se quejaron
donde se amó hasta afl ojar
los elásticos de las camas,
donde se llegó a horas inconcebibles
donde se rezó de miedo.
A esta casa, le dicen
la puede romper
y encima le pagan por metro cuadrado
y le cuentan las horas extras.
MI MADRE Y YO
He ido a llevarte fl ores
y las dejé así,
desordenadamente,
como soy yo, desordenado,
en mi vida y en mis sentimientos.
Y si muchas veces temiste
que era falta de cariño
es porque nunca hablé contigo
como lo hago ahora.
Tantas cosas tengo que explicarte,
cosas de ti misma y de mí.
Fuiste el trasplante inadaptado
y yo el brote que extendió sus fi bras
y bebió de sus tierras negras
y pronto cruzó sus ramas al cielo,
pasando por encima
de los débiles alambres
que quisiste convertir
en muros de tu pequeña fortaleza,
fácil de abatir
en tiempos de tormenta.
Venías de un mundo que moría
y traías el miedo;
el miedo de los niños
que temen la fuerza del viento
sin comprender su sublime grandeza.
Y pude llenar
mis manos y mis zapatos
de callos y dolores
que llegaron a ser míos.
Y me sentí un Juan, un Pedro
a pesar de mi apellido
con muchas letras.
Viví las horas de otros hombres,
me hicieron sufrir,
también lo hice,
di mi pecho en la pelea
y algunas veces,
pocas veces,
me porté mal.
Pequeñita en tu rincón
me sentías alejar,
decir un idioma extraño
sin comprender los signos
de esas manos que quedaban
fl otando en el vacío,
ofreciendo sus caricias
que yo creía no necesitar.
Aquí te dejo mis lágrimas desordenadas
con estos versos desordenados,
porque yo soy así
en mi vida y mis sentimientos
como estas flores desordenadas
que aquí quedan.
Lunes 15 de febrero de 2010
VERANO12 › LOS POEMAS DE LUIS LUCHI
Una vacuna contra qué
Por Juan Sasturain
El imborrable poeta Luis Luchi nació en Buenos Aires 1921 y murió en Barcelona –donde vivió casi veinticinco años, desde que se exilió a comienzos de la dictadura– en el 2000. No muchos saben que Luchi se llamaba casi secretamente Luis Yanischevsky, pues desde El Obelisco y otros poemas –que es de 1959– siempre firmó así. Aunque empezó relativamente tarde a publicar, siempre escribió mucho. Y los libros –alrededor de veinte, de poesía– se fueron acumulando. Siempre con muchísima coherencia, siempre con una voz absolutamente propia, un registro pegado a la oralidad único y reconocible. Dejó discos memorables: (se) leía muy bien, si cabe.
Entre otros títulos, publicó El ocio creador (1960); Poemas de las calles trasversales y La vida en serio (1964); Vida de poeta (1966); Poemas cortos de genio (1970); Ave de paso (1973); La pasión sin Mateo (1976); ¡Gracias, Gutenberg! (1980); Resumen del futuro (1984); Jardín zoológico (1995) y Contestarse a sí mismo en el canto (1997), editados en Buenos Aires y en Barcelona. Hay dos buenas recopilaciones de sus poemas: una Antología poética que realizó con saber y perspicacia Eduardo Romano en 1986, y otra más reciente, Paseo por la capital de Luis Luchi, del 2003, elegida por Lilian Garrido, y con un epílogo lindísimo de Alberto Szpunberg.
Lo primero que uno percibe en Luchi es la infalible respiración de los versos escritos / dichos, y después, sucesivamente, el equívoco tono jodón, la ironía y el sarcasmo siempre ahí, como una vacuna contra qué, las transiciones bruscas, la falta de costuras, los versos apilados por familias, las enumeraciones abiertas pero coherentes, el abrupto corte del chorro final. Todo un programa, una poética sólida sin necesidad de postulados explícitos.
Los poemas elegidos: “Paseo por la capital de la plata” es de La vida en serio; “Los nombres y el amor”, de Poemas cortos de genio y “Admiración por los próceres”, de ¡Gracias, Gutenberg!

Paseo por la Capital
Paseo por
la capital de la plata
Aquí me tenés país
desnudo he venido al mundo
no te sembré la patria
excepto un rosal
que una vez planté
y mi dulce mamá
que enriquece dos metros de tierra
esperabas de mí
por lo menos
ganas de trabajar
aquí me tenés país
escribiendo versos
con el desencanto
de los necesitados de mano de obra
en los momentos de desarrollo
que se aguanten los perversos
falsos
mentirosos
que para mi apátrida
los cuentos no sirven
nunca me acogerás en tu seno
nadie me pidió
ni yo
nada tengo que dar
nada me dan
ni los documentos
soy una porción de mapa
un montón de gente
luisito pedro alberto
irene
la ñata toto
un montón
que viven en pueblos
donde saben lo que hacen
y antes de fabricar riquezas
crean los calabozos para cuidarlas
correos teléfonos
espías inconfesos
hoteles llenos
de pulgas argentinas
y perros muertos de rabia
viajan en bicicletas motos
ómnibus aviones
se despiden siempre están ocupados
arrancan hojitas de almanaques
esperando la noche del descanso
pero felipe orfeo
a esa misma hora
la nación les obliga publicar noticias
y consiguen dormir de día su conciencia
qué hacer conmigo país
¿regalarme zapatos usados?
soy de otra raza
judíos envenenados por la ganancia
fuera conmigo país
que pago impuestos al comprar fósforos
y enciendo continuamente
sobre la prosperidad que por mi culpa no existe
cómo es posible país
no ser masón espiritista socialista
no ser rotario empleado de banco católico
contar historias con fruición
reírme de san martín
hablar serio con bustamante
dudo de la legitimidad
en las bebidas
de los huecos de los buzones
del sexo de las prostitutas,
así soy yo
me podés echar
justo para navidad
o para peisaj
o para el ramadán
dónde voy a ir
a comprar caramelos al almacén de enfrente
a sonreír al cine donde está prohibido fumar
y después pedir un catálogo
con aldeas y lluvias al mediodía,
canto país
porque me gusta cantar
y cuando estoy solo
lo hago con voz firme
y bien entonada
al acercarse otro argentino
enmudezco su recriminación
por vergüenza de mi hombría que no está en discusión
a esto he llegado país
el amor es lo que quiero
no lo escribo ni lo alquilo
no se paga ni tenés nada que ver
estoy acosado por la muerte
cada vez que abro una puerta
la alegría de vivir
no tiene que ver conmigo
ni los ruiseñores del sonar divino
me identifican
y como temo equivocarme
porque a esto lo llamo canto
si algo me queda agregar
decido:
soy su enemigo
me pueden fusilar
me pueden perdonar
pueden llamarme por teléfono
52-6896
decirme un chiste
que no voy a perder
aunque soy de reacciones lentas
tengo sentido del humor
hacerse que no me conocen
hacerse que me conocen
decepcionarse de mí
y contárselo entre ustedes
yo entre el séptimo y octavo
vaso de ginebra
les diré
tratando de no hacer mal a nadie
préstenme las obras de kropotkin
que tengo ganas de leer.
Los nombres
y el amor
Gladys y Roberto se enamoran en televisión.
Teresa en el teatro.
Ludmila en el Colón.
Alicias arrancan tiernas palabras en las plazas,
Patricias serán mujeres temerarias,
Irmas maternales.
Las Elenas de ojos azules
vengadoras desde sus antepasados
de ojos azules, ojeras violetas.
Robustianas sacarán agua del pozo,
violadas sobre yuyos.
Eugenias morirán en los partos de las generaciones,
cayéndoseles el libro de la mano.
Mary, July, Pegy,
rebeca, venancia, hilda, bety
vivieron la primera experiencia profesional
de la pasión juvenil argentina
en ascenso;
con pesar las usaron
como máxima ofensa individual
para tirar a una cara.
Jacobas pasarán plumeros en los escritorios
bajo la mirada calificativa de los sobrestantes.
Isabeles, galleguitas divinas,
enamorarán a gayegos mayoristas,
sabrán contar pero no leer;
Gracielas sí sabrán leer
lo enseñaron con sus cuarenta años de maestra rural,
y el caballo de príncipe está sin montar.
Juanas, las locas de amor, en libertad por ahora.
Claras, cuando no presas llevan paquetes.
Tita, Lita, Ñata
jugarán al carnaval;
por la noche se disfrazarán.
Carlota guarda un álbum con actores de cine.
Tanias cargarán de pólvora las balas.
Florencias les curarán las heridas de guerra.
Las Marías Bonitas no se rinden.
Admiración
por los próceres
Estaba de guardia en la réplica de boulogne sur mer desde joven en la mezcla de cemento del monumento a la bandera. No se perdía un solo cambio de los cambios de granaderos y los vistosos uniformes. Rivadavia la recorrió de punta a punta, atravesó la cordillera se ahogó en el pacífico demostrando: la calle más larga del mundo. Castro Barros es bueno, Mitre es bueno, Sarmiento mejor, Corrientes es bueno, tiene una sola mano; el manco le dicen. Saavedra es bueno como pinzón; a la Lavalle la adoro si no fuera tan fusiladora. Aranguren es bueno, Avenida del Libertador es bueno, Alvear es bueno, toda su familia es buena. Roberto Arlt es bueno le dieron un pasaje, Ingeniero Huergo es bueno lo pusieron en el paisaje, Pringles es valiente, Luis Viale sabe nadar. Triunvirato era bueno, le sacaron el tranvía Lacroze. Monroe era un ángel, la General Paz es bueno y un héroe. En el museo histórico nacional en la sección numismática monedas verdaderas de oro. Almafuerte se lo merece, La Internacional sin ponerle número ni fecha. Un día entró por Balcarce (también era bueno), salió con Alem, Dorrego lucha contra las serpientes, es derrotado por bueno, Moreno es paralelo a Belgrano, los corta Jujuy, en la calle Pepirí me paro en la esquina. Posadas era un guapo, Montevideo y Paraná se cortan mutuamente, cuidado que aparece el gobernador Andonaegui.
Todos colaboraron en la patria ya hecha, la calle Luna es buena, donde me pongo triste, donde no hay ninguna expectativa para mí, donde la pena de morir sin que se entere Peralta Ramos, ese sentimiento no cabe en la Avenida de Mayo, el cayejón El Panal, Mozart era bueno, pero bueno, Billighurst, Azara, Ramón Falcón es bueno, un capo, yo camino buscando los parrones, de ese boliche salió un borracho y las vecinas lo intitularon el hombre perdidoamargadoresentido abandonado de la mano de Dios. Formen un cabaret y quizá salga de ese lugar el nuevo tango. Troilo es bueno, Piazzolla un encanto, los cantores publicarán las chapas de una ciudad en progreso. Necochea desobedecía las órdenes, Cádiz es redonda. Ford es argentino, Remington Rand es argentina, las fronteras son argentinas, esas mujeres viejas con peinados y acento provocador lo son, General Motors es argentina, San Martín es correntino por ende argentino, el banco municipal de préstamos es argentino, Fiat es argentino, Leguisamo uruguayo. La entrada al suburbio es porteña, el sur queda allí abajo un poco de los chilenos, el cielo lleva el color de la bandera, vale la pena morir por ella si no nos aplastan la cabeza. La carne es universal, los gobiernos son patriotas, las abejas son patriotas y nos dan la miel, los golfers son patriotas, unos hacen conocer en Inglaterra, no a mí, a ellos.
País si se los limpia, sucio de la mirada turbia alegrada por el alcohol dispuesto a inventar un nuevo compás de tango. El doctor Fernández Verano es inmune, ¿yo soy inmune? Jacobo se dio una inyección de ánimo, Firpo es campeón, Pérez Pícaro un ganador, Gaeta es bicicletero, los domingos por la tarde pinta su casa y sigue el domingo próximo pasado. La muerte mía trabaja las veinticuatro horas del día. La policía es mía nacional y auténtica sin cortapisas no descuidan un segundo mientras los cambiadores amateurs no dejan guardias cuando se van a dormir, se pierden por eso algunos momentos del crecimiento del árbol. Rugierito es valiente y es útil. Valdez Cora ni valiente ni útil. Caprioli un compadrón, el Cacho Otero no se pierde una oportunidad. Hernández es triste, todos los Hernández son tristes, Bernárdez es triste, todos los Bernárdez son tristes, Borges es triste y lamenta su muerte, Carmelo lloró cuando se le murió el perro, yo soy triste y todas las mañanas escapo a los tristes sin consistencia cuando la tristeza crece.
Antología, Ediciones
Ultimo Reino, Bs. As., 2003
luchi en el bar
Jorge Sarraute fue un gran amigo de Luchi. Sus recuerdos llegan hasta los largos viajes que hacían en Argentina en una furgoneta para pasar unas veladas poético musicales al abrigo de las nubes de la pampa. Muy cerca de su muerte, Luchi llamó a Jorge para decirle en un susurro cómplice: "hay que hacer una banda para asaltar bancos". O algo así, porque esas últimas palabras ya forman parte de la leyenda urbana que escribió el viejo durante su vida.
