HOMENAJE A LUIS LUCHI

Durante el mes de octubre se realizarán los actos de homenaje al poeta Luis Luchi en conmemoración del décimo aniversario de su muerte:

BARCELONA

En el Centro Cívico Pati Llimona. Regomir 3.
7 de octubre. 19:30 hs. Sala Foyer
Inauguración de la exposición de fotografía.


Presentación del libro “ESPÉRENME QUE VOLVERÉ” editado con motivo del homenaje, con ilustraciones, prosa inédita y poesía de Luchi.

Desde el 4 al 16 de octubre
Exposición de retratos de Luis Luchi, fotos familiares y con amigos de Buenos Aires y Barcelona.

En el Casinet d'Hostafrancs, Rector Triadó 53
16 de octubre
18:00 hs. Peña musical (tango, folklore, etc.)
19: 45 hs. Llamada uruguaya con tamboriles.
20:00 hs. Actuaciones musicales, teatro, danzas, lectura de poemas, títeres, espectáculo poético-musical, vídeos, etc., dedicados a recordar vida y obra de nuestro poeta.

Se cerrará el acto con murga y nueva peña.

En la antesala estarán expuestos diferentes materiales de la trayectoria poética y vital de Luis Luchi.

Habrá choripanes, dulces, bebidas, etc.

Este horario podrá estar sujeto a cambios.

Cementerio de Montjuïc
17 de octubre
Visita al cementerio de Montjuïc donde descansan los restos de Luis Luchi.

BUENOS AIRES

En el club SABER, Llerena 2727 (Parque Chas) Capital Federal

16 de octubre. 20:30 hs.
Lectura de poemas
Cuesta Arriba (trío de tango)
Turbio Tinte Trío

Vídeo

miércoles, 13 de octubre de 2010

HOMENAJE EN PARQUE CHAS Y EN BARCELONA



RECITAL DE MÚSICA Y POESÍA, EXPOSICIONES, LIBROS


Parque Chas y Barcelona, homenajearán al poeta Luis Luchi

A diez años de su muerte (ocurrida en Barcelona el 21 de octubre de 2000), un grupo de amigos, vecinos y familiares, organiza un recital de música y poesía que tendrá lugar en el Club SABER de Parque Chas (Llerena 2727), el sábado 16 de octubre a las 20.30 hs. La entrada será libre y gratuita.

Link a nota: http://www.parquechasweb.com.ar/parquechas/notas/Nota_homenaje_luchi_111010.htm


Desde el Portal de Parque Chas nos envían este anuncio del homenaje que realizarán el próximo sábado 16.

domingo, 3 de octubre de 2010

Triunfo de la antiretórica, victoria del antihéroe

Texto leído por Micharvegas en la presentación del libro de Luis Luchi,
“ Gracias, Gutemberg!”, en el auditorio de la Asociación Española de Derechos Humanos, Madrid, mayo de 1980 )


LUIS LUCHI: Triunfo de la antiretórica, victoria del antihéroe

Cada uno tiene sus formas de arreglárselas con el azar. Dicen – Napoleón dixit – que sólo el cálculo podría vencerlo. Nosotros o una generación de argentinos como nosotros, lo que intentábamos vencer no era precisamente al azar, sino al cálculo. Siendo poeta, escritor de versos, la responsabilidad era por por partida doble.

Como hombres que querían encontrar un sentido no ya individualístico para sus viditas, nos vimos en la obligación de probar con cualquier cosa que estuviera medianamente regulada. Lo que se denomina la poesía, era un campo propicio. Terrenitos jamás ni totalmente explorados ni explotados siquiera, terrenitos de nadie ( y no tierras de nadie , ya que desde siempre y por las peculiaridades de aquellos territorios, nos estuvo vedado poner los pies sobre esas extensiones latifundistas ) y donde uno, con tenacidad y trabajo, podía levantar su ranchito de palabras.
Las muchachas y muchachos de los ’60 ( claro que también tiene que ver con la línea de colectivos que hacían la ruta Constitución – Tigre Hotel! ), nos considerábamos mucho mas alienados que los
correspondientes humanos de generaciones precedentes. No era algo cuantitativo, no era sólo estar mas rayados que algunos de los que nos antecedieron. Era la nuestra una ponderación cualitativa,
un fenómeno extrañamente solitario, de mejor tela. Era una soledad superpoblada de acontecimientos vitales y desastre mortíferos: biográficos, históricos, sociales. Recuerden: Revolución Cubana, CONINTES, nevada de votos en blanco. El Onganiato. El Che en Bolivia, los provincianazos. Como se ve no había mucho lugar para el azar. La tarea era contra el cálculo.

La poesía, el poema, la poética ( formas discursivas que en el mejor de los casos se realizan cuando encuentran orejas y corazones que las oigan y abriguen ), era uno de aquellos potreros baldíos de nadie. Quien más, quien menos, traía un despiste mas grande que el de un turco en la neblina. Y si hoy yo historiso, a grandes rasgos, mi relación con el poeta Luchi, no estoy dándole cuerda a habladurías sobre relaciones interpersonales, sino que significo una manera de ser de muchos inquietos en aquella búsqueda del terrenito propio en la poesía que va del ’60 hasta los funestos ’76.

1958. Estudiantes del Centro de Medicina de Buenos Aires organizan una lectura de poemas. Eran muchachos de los barrios cercanos a la Facultad y otros, como yo, venido de los suburbios ( recuerden que hasta 1955 no había filtro selectivo y aristocratizante que impidieran que los hijos de los trabajadores ingresaran a la Universidad ). La memoria no me falla: “El evento fue todo un éxito!”, como comentaría un viejo amigo cuentista de un boliche de la Avenida Corrientes: Luchi figuraba entre los poetas que aquello jóvenes habían seleccionado para participar. Su personalidad era ya un secreto a voces: un tipo extraordinario que publica su primer libro ya casi con 40 abriles. Un personaje áspero y ácido como un vino berreta, un pelirrojo con voz de ginebra desastrosa, entonces vendedor callejero de libros que pateaba la ciudad de costa a costa,
buen amigo con un gran maletín muy sobado, mejor hermano en las mesas quemadas por puchos del bar “El estaño”, hombre convocante, reunidor y dulce y profundo como una puñalada en duelo.

Su poesía era de una compleja sencillez. Nombraba cosas y situaciones que conocíamos todos pero que, dichas por él – en eso residía su inigualable gracia -, se convertían en elementos universales. Y estoy hablando de un pan, de un afecto, de una mujer que estaba despidiéndose siempre, de un desasosiego, de un río francés.

Como no podía ser de otra forma, Luchi agrupado con una basca de amigos, tenían su propia editorial autogestionaria, “El matadero”, desde la cual, cuando los bolsillos podían porque las ganas no faltaban nunca, publicaban sus sueños. La poesía de Luchi ya andaba de boca en boca. Los ejemplares editados eran pocos y se esfumaban enseguida. Toda esta actitud era claramente una opción. Ya vendría el tiempo de la multiplicación de los panes,
mientras nos íbamos bebiendo toda el agua transformada en vino.

Todos ustedes saben que conocer a un hombre no quiere decir haberlo visto, haberse empedado juntos o haber mirado juntos adentro del pan abierto para ver si la feta era de justicia social.
Fuimos conociendo a Luchi a través de sus poemas. Es decir: de su manera de estar y ver el mundo. Su poesía es coloquial, charlada, extraída de lo oído, de lo hablado con otros o de lo dicho para sí mismo en esas largas caminatas citadinas y enciclopédicas. Pero lo bueno en Luchi era que también escribía vergüenzas que otros sepultaban, cosas dañinas y dañosas que se sorprendía poseer. Y no era autocompasivo ( ya que serlo en aquellos años era tan espantoso como ser estalinista! ) No lamía sus llagas en público como para que la barra de amigos viniera y le quitara la piedra de la mano o le recetara Cicatul para sus quemaduras. Según le diera la loca, también podía descolocarnos haciéndose el necio, el recio, el feroz. Estuvimos con él en días de auténtica ira, puteando contra viento y marea por tanto oportunismo, tanto tipo de carne convencional que se creía de bronce. Luchi era algo como el Superyó – la conciencia sobrexigente – de un submundo abismado.

Quienes les fuimos tratando, tuvimos que acostumbrarnos, sin solemnidad, a tomar la vida rigurosamente en serio. Y así el amor y las mujeres, la fraternidad y la calle, la locura, la miseria y la muerte, la velocidad del éxito y la empecinada satisfacción de andar lento a contrapelo, debieron ser tomadas como cuestiones estrictamente
serias. De Luchi aprendimos que el prestigio, esa maldición de ser “un artista conocido” en esta sociedad sostenida por millones de desgracias anónimas, era algo que, sistemáticamente, habríamos de expulsar de nuestros terrenitos. Muchos se consideraban poetas – apuntaba – porque no terminan de rellenar el renglón.

Para hacer poesía no se precisaban más que un lápiz y un papel.

Y no eran puntos programáticos. Un afirmar: “ así hay que hacer!”
No era el dogmatismo al revés de un libertario. Luchi nos mostraba que hombres y mujeres estábamos hechos de contradicciones. Quie todos nuestros días no eran otra cosa que una inmensa contradicción. Y que había sepultureros de esas contradicciones que, ya puestos a palear, sepultaban de paso cañazo nuestros días.

En él la seriedad no era la falta de alegría. Ni el rigor una circunspección. Antes bien, seriedad y rigor eran reclamar por la falta de alegría, de dignidad humana, de igualdad de oportunidades, de hambres carencias que ningún grito de rabia podría nutrir.

Habiendo tantos hombres alrededor con tan pesadas cargas, el futuro ( soñado, exaltado, reconvenido ) era una furibunda tarea del presente. No sé cuántos millones de desposeídos y marginados atraviesan por sus versos. Pero con un dedo mocho nos señaló:
Todo lo que se nos acerca, si estamos atentos con los ojos abiertos, cabe en nuestros poemas.

Luchi es uno de esos tipos que tienen sueños que no les dejan dormir. Y estaban, sí, cómo no! Las fórmulas de la cataplasma oficial, gilitos autores de confesiones publicables en suplementos literarios de grandes tiradas. O el recurso del hermetismo: colmillos retorcidos, la escritura entrelíneas, el contrabando codificado que una élite de padecedores devoraban como Genioles. Lo hablábamos ayer, en el asado criollo que siguió como fiesta al 1º de mayo: Vos, Luisito, viviste, vivís y vivirás con los ojos abiertos.

Sí, por ser hombre de lo más dilecto de nuestro pueblo, a él – y a otros como él -, no le estará permitido el juego o el refugio o la derrota de la ceguera. Poetas como éste no pueden cerrar los ojos ante tanta iniquidad actual, tanto estropicio deliberado, tanta estulticia masacradora. Luchi sabe que se puede esperar todo de aquellos que jamás tuvieron nada. De allí su amor por los que sufren y su no-adhesión abstracta al puro dolor.

En su poesía, cada palabra, a veces deliberadamente trastocada en su grafía, en su sintaxis, violada en su sacro valor semántico, no es otra cosa que el acto de una afirmación. Seguirlo en la lectura y en la comprensión polivalente de su poética, significará aceptar esa violencia constante de nuestras existencias absurdizadas.

La famosa lucidez – tan prístina en otros, tan mot just, palabra justa,
pulcra, abrillantada o tan concepto diamantino, acicalado, pretensioso –, en Luchi la encontraremos como una presencia tambaleante, un haz de luz que marcha a tropezones, como idas y vueltas de un ser confuso. Reconocer esto es dar credibilidad y existencia a una poética del humano trastocado, sustraído, forzado y extrañado de sí mismo.

Hace mucho que nos habla. Y, para nuestra fortuna, por mucho tiempo nos seguirá hablando. Eligió el verso. Su sentimiento del mundo encontró allí la herramienta más efectiva de darse a conocer. Y si no acentúa, si pareciera que no corrige, si lo que propone no aguarda conseguir toda la razón, si juega con todos los agujeros de la perforada, acribillada esperanza argentina, lo hace para hacernos sentir imperfectos, posibles, futuros y, a la vez, los más próximos a una manera de ser que no necesitará de tanteos, ni de ojos cegados o bastones blancos para enfrentar la atroz realidad laberíntica que, como argentinos, nos toca transformar.


Martín Micharvegas
2 de mayo de 1980
Madrid

lunes, 16 de agosto de 2010

PORTEÑADA EN PARÍS


Dedicada a Osvaldo Soriano

El 13 de marzo de 1997 se realizó en París la presentación del libro de poemas « Contestarse a sí mismo en el canto » de Luis Luchi, con ilustraciones de Oscar Grillo. (Ediciones Bajo el poncho).

El encuentro tuvo lugar en el « Café du coin de rue » en París XI. Como sucedía en Buenos Aires en los años sesenta cuando el grupo El Matadero organizaba sus manifestaciones culturales, y que proseguiría más tarde « Gente de Buenos Aires » , este acto creó un espacio donde se integraron diferentes formas de expresión .

Y entonces recorrimos « EL París de Rayuela » guiados por Héctor Zampaglione en su admirable exposición fotográfica. Pedro Gaeta, que impulsó y organizó este acto, participó junto a Julio Romera y Virgilio Villalba presentando sus obras plásticas. César Stroscio y Claudio « Pino » Enriquez fueron creando en ese boliche la evocación de las esquinas - «les coins de rues » - de la ciudad presente, allá, del otro lado del Atlántico. El bandoneón de César y la guitarra de Pino en un diálogo que surgía y se renovaba en la interpretación de cada tango.

En ese compartir la amistad y la experiencia estética recuerdo a Edmundo Eichelbaum leyendo el poema que le dedicó a Luchi con motivo de este encuentro.

Participaron Marie Rosse, Marcela de Grande, Marcelo Wesfreid, en calidad de presentadores de las diferentes expresiones artísticas. La traducción estuvo a cargo de Borja Calzado.

Por mi parte, fui solicitada para presentar el libro de Luis Luchi.

Transcribo aqui parte del texto que leí en esa ocasión.


« Luchi participa en la vida literaria, da su opinión, cuenta cosas que no han sido nunca historiadas y escribe. Escribe su poesía sin concesiones, en el idioma de los argentinos.

De tono conversacional, alusivo, su discurso poético preserva la memoria de una historia, de una cultura, de una ciudad pero también explora una subjetividad que se nutre y se construye a través de la escritura.

Cada libro de poemas constituye por sí mismo una obra, sin embargo, sus textos, sucediéndose, se acompañan, se completan.

Hoy aparece « Contestarse a sí mismo en el canto ». Oscar Grillo interpreta el imaginario de Luchi. Sus dibujos, de un trazo poderoso y ligero, imprimen a las escenas evocadas una atmósfera extraña ; el espanto y la espera en la noche, la figura alada de la iluminación del poema…

La poesía de Luchi es una metáfora sobre la condición humana entrampada por la soledad, la historia y la aspiración irrevocable hacia la autenticidad y la libertad.

El « yo » que él invoca es un lugar de la mirada que se transforma en una dinámica de contradicciones. Todo objeto, toda experiencia -individual y social- adquieren en su obra una dimensión literaria, pero no cumplen por ello, una pura funcion poética ; a través del acto de su escritura Luchi es un testigo consciente de su época.

Bajo una aparente simplicidad, lúcido, íntimo, identifica con un espíritu polémico la sociedad y su deriva.

Luchi persiste en recorrer calles insólitas, y percibir en la cotidianeidad de los gestos la ambigüedad de los sentimientos.

Denunciando la dificultad de vivir desvela la exaltación de la esperanza.

En mi memoria Luchi en París es una lenta deambulación por calles que se prefiguraban ya en el Pasaje Seaver, cuando escribía « El Sena para mí ».

Es la evocación de Romain Rolland, Paul Eluard, Jacques Prévert, los hermanos Reclus, tan próximos.

Es estar de pie, bajo la lluvia, en el Mont Valérien, un día de conmemoración.

Hoy París es la posibilidad de escucharlo decir sus poemas. »

Les Vallées. 1997. nenina caro


Nenina Caro, psicóloga y cuentista, formó parte del grupo "El Matadero"

sábado, 20 de marzo de 2010

Arlt

Yo pienso viejo Arlt
que si Shakespeare
hubiese vivido en nuestro país,
y en nuestro siglo.
Mejor dicho,
si alguna vez, digamos
el 15 de mayo de 1935,
metido en un café
de Corrientes y cualquier otra,
aferrado por la ventana,
alegre de descubrir la última porteñada
del mozo gallego
y amargado por la edición dominical de "La Nación"
sin leer,
en el montón con las otras.
Con un chau a un amigo que pasa
calculando las monedas en el bolsillo,
disimuladamente,
con una cancha que se adquiere
para pedir otro café
y que alcance para el tranvía.
Pienso viejo Arlt
que incluso a ese Dios,
gran inventor de muchas biblias
le sería imposible escapar
al misterio de la rara ciudad.

Indios, españoles, negros,
gauchos, orilleros,
griegos, judíos.
Cada día, cuando nos detuvimos
ante el espejo que es la ventana
a estudiar y decir, éste es nuestro dolor
y nuestra cara,
las pasiones humanas
y los fabricante de cañones
nos mandaban nuevas terceras clases
con mil nuevas maneras de amar
y de decirlo.
Mil maravillosas formas de ser hermano
y otras mil formas de dejar de serlo.
Cuando de esa masa de vidas confusas
surgían las chispas
de los cuerpos duros que chocan,
había que hacer arte,
que no podía ser tierno
y tampoco demasiado cruel.
Contar nuestra historia
con los reyes destronados
que mueren heroicos en sus gestos,
como hacerlo
cuando se vive rodeado
de todos hermosos pequeños trozos
de esa vida que formamos parte,
y la sentimos
con la ironía y perdón
con que se ve a un padre
italiano
que nos pagó el título de abogado
vendiendo verduras.
Había que contar el problema eterno
del bizco celoso,
y la tremenda mezquindad de los hombres,
que son capaces de crear hospitales de muñecas.

El drama del hombre porteño
es igual al de todos los hombres,
pero es el drama del hombre porteño,
y aunque se asombren algunos
el tango es bastante su vida triste,
ya crearemos la alegre,
cuando la sintamos.

En ese lento crecer
pusiste palabras reas
que para traducirlas necesitan media hoja
y si no me lo enseñaron todo
me ayudaron a conocer
que a las seis de la mañana
se encuentran viajando juntos
el que va al trabajo esperando muchas cosas
y el que regresa de su desnuda soledad
volviendo a ella
y todos juntos alimentan
la vida de esta ciudad,
que, porque sabemos sus penas
la queremos mejor.



El poema Arlt forma parte del libro El obelisco y otros poemas, del año 1959 y ha sido incluído en la antología Paseo por la capital de Luis Luchi del año 2003, seleccionada y prologada por Lilian Garrido. La ironía de un viaje consiste en que nunca se vuelve al lugar de partida, pero tampoco se lo deja nunca. Luchi nunca se fue de Buenos Aires.

viernes, 19 de marzo de 2010

Pablo Yanis en el trío Cuesta Arriba

Pablo Yanis es nieto de Luis Luchi. En el año 2001 formó el trío de tango Cuesta Arriba con el guitarrista Mariano Gil y el contrabajista Juan Fracchi. Desde entonces no dejaron de subir la cuesta con éxito. Cuenta Pablo que cuando le contó a Luchi que iba a estudiar bandoneón, al viejo se le iluminó la sonrisa. El tango y el bandoneón fueron temas que unieron al abuelo y al nieto en una medida diferente. En el disco Sin Seguro, del año 2007, el trío interpreta el tema "A Luis Luchi", compuesto por Eduardo Rovira.
Queremos destacar que el trío fue finalista en el Pre Cosquín 2010 en el rubro "Conjunto Instrumental". Y Pablo Yanis fue el ganador del Premio al Mejor Músico. Qué sonrisa se le habrá puesto al abuelo Luchi cuando se enteró!
Aquí la web del trío http://www.cuesta-arriba.com.ar y a continuación el vídeo donde interpretan el tango "Linea D" en esa final.

jueves, 18 de marzo de 2010

El mural de Parque Chas, homenaje a Luis Luchi

EL MURAL
MITOLOGIA PORTEÑA-PARQUE CHAS,
DE PEDRO GAETA

FUE DECLARADO DE INTERES CULTURAL POR LA LEGÍSLATURA PORTEÑA

La Obra, Mitología porteña-Parque Chas, que se encuentra en el club El Trébol de Parque Chas, realizado por el artista Pedro Gaeta, fue declarado de interés cultural por la Legislatura Porteña.

En la obra están representados los personajes típicos como Carlos Gardel, que sonríe junto a la orquesta y el bandoneón. En la pintura además aparecen los parroquianos que solían jugar a las barajas en el club y el gato gris que vivía en las instalaciones. También está representado el poeta Luis Luchi, el poeta de Parque Chas, gran amigo de Gaeta.

El mural fue pintado en setiembre de 1989 por el primer grupo de muralistas que dirigió el pintor, Gustavo Benito, , Natalia March, Pedro Sisnero, Gabriela Sosti y Analía Falcón, ellos pertenecían al Grupo Taller Expresión a cargo de Pedro Gaeta quien se encargó de la dirección y producción del mismo.

El mural fue pintado al látex acrílico sobre una pared interna del club y mide 5 x 2,50 metros.

Todo aquél que quiera visitarlo y observarlo con sus propios ojos puede hacerlo, el Club Social y Deportivo El Trébol está ubicado en Gándara 2840 pleno corazón de Parque Chas.

BREVE BIOGRAFIA DE PEDRO GAETA.

Pedro Gaeta artista plástico y vecino del barrio, vivió toda su niñez en Parque Chas y actualmente sentó raíces en “La viña del señor”, nombre con el que bautizó su casa en Villa Ortúzar.

Inicio sus estudios en la escuela Nacional de Bellas Artes. En 1957 realizó su primera exposición individual en la Galería H. Durante.

A fines de los 50 participó del grupo de jóvenes poetas y pintores surrealistas y comenzó a exponer con el grupo de Arte Nuevo. Junto a su gran amigo Luis Luchi, el poeta de Parque Chas, formó parte del grupo “Gente de Buenos Aires”.

Ejerció la presidencia de la SAAP (Sociedad Argentina de Artistas Plásticos) en dos periodos consecutivos 1973-1975 y 1975-1977.

Residió en España y Francia donde realizó varias exposiciones. Desde hace 21 años también ejerce la docencia en “El Taller de Artes Plásticas Expresión” que creara junto a otros dos jóvenes artistas en el Barrio de Colegiales.

Una de sus pinturas está representada en uno de los vítreaux de la estación “Tronador”de la línea “B” de subte que se inauguró el año pasado.

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Pedro Gaeta fue un gran amigo de Luis Luchi. Lo inmortalizó en el mural "Mitología porteña" que decora el club social El Trébol, de Parque Chas, donde ambos vivieron horas y horas de tertulias entre amigos de esa entrañable y laberíntica república.

generación abierta.com.ar


Apuntes sobre Luis Luchi

Por Lilian Garrido

A quienes estén interesados en las biografías puedo contarles, por ejemplo, que Luis Luchi nació el 11 de octubre de 1921 en Villa Crespo, pero que a los 5 o 6 años de edad cambió los pagos de Adán Buenosayres por el laberíntico Parque Chas. Ejerció distintos oficios- fue obrero gráfico, vendedor viajante de libros y, principalmente, poeta -único oficio no abandonado-.

Por los años '60, integró el grupo El Matadero, que curiosamente tenía más que ver con la narrativa que con la poesía. El Matadero, nombre relacionado con la obra homóníma de Esteban Echeverría, considerada como el primer cuento argentino, era un grupo de cuentistas (Guillermo Cantore, Nenina Caro, Blas Raúl Gallo, Mario Lesing, Arminda Ralesky y Lubrano Zas, entre otros), que había elegido como punto de reunión el café El Estaño de Talcahuano y Corrientes -bautizado por ellos como El Gardelito-, y que tenía la idea de crear una editorial con selección oral y pública de cuentos. Nuevo Teatro les prestó más de una vez la sala donde el grupo leía sus relatos y el público, convertido en una especie de asamblea, definía la publicación con su aprobación o su rechazo. "Buscábamos publicar a jóvenes con determinada ideología, que escribieran bien, con sentido popular y que la cultura fuera parte de la revolución que estábamos haciendo" -dijo Luchi en una oportunidad-. Esta democracia en la decisión de publicaciones no prosperó y terminaron ellos mismos seleccionando los cuentos a editar, ya sea reunidos en "El Gardelito" o en algún otro bar del centro. Nunca supe si el único cuento que publicó Luis Luchi en su vida, El brasilerito, fue producto de las asambleas populares o de aquellas tertulias desordenadas y heterogéneas. Lo cierto es que El brasilerito apareció en una antología titulada Cuentistas Argentinos Contemporáneos, editada por El Matadero en 1961.

Desde Barcelona, muchos años después, Luis Luchi le hizo un guiño a sus compañeros narradores, ya que la editorial que publicó en España sus libros de poemas Resumen del futuro (1 984) y Mishiadura en las dos ciudades (1 993), se llamaba Ediciones del Escorxador, palabra que significa «matadero" en catalán. Aunque este homenaje, justo es reconocerlo, se limitó al nombre, pues el espíritu de participación y polémica que recorría las mesas de El Gardelito se había perdido. A fines de los '60 y en los '70, su amistad con el músico Eduardo Rovira, el poeta Roberto Santoro y el artista plástico Pedro Gaeta, sumada al sentido social que compartían y a la necesidad de realizar actividades culturales, fue el puntapié inicial del grupo Gente de Buenos Aires. Los cuatro tenían fuertes puntos en común respecto del mundo que querían y por el que luchaban, así que no les resultó difícil llevar adelante su propuesta. Y si bien jamás se sentaron a escribir un programa, tuvieron en claro desde el inicio algunas cosas, que cumplieron al pie de la letra: llevar el arte a los barrios, buscar la mayor participación posible e integrar las artes entre sí.

"El eje se trasladó a los barrios", explicó Luchi en una entrevista, refiriéndose a que clubes, escuelas y sociedades de fomento eran los escenarios elegidos para las exposiciones de pintura, presentaciones de libros, recitales de música y poesía y conferencias. "Eran reuniones muy participativas y la gente se enganchaba muchísimo. Si se organizaba una muestra de poemas ilustrados (o poemas-pintura, como prefiere llamarlos Gaeta), cada poeta estaba presente y leía sus poemas. Solía haber músicos, también". Gracias a las actividades de Gente de Buenos Aires, la voz de Luis Luchi quedó registrada en el disco simple Tango de música a lo lejos y su letra impresa en tres libros editados por el Grupo Los rostros, Poemas (1946-1955) y La pasión sin Mateo.

Su primer libro, El obelisco y otros poemas, apareció en 1959 y desde entonces se perfila como un poeta ciudadano, más aun, de la ciudad de Buenos Aires: el porteño que leía a Luis Luchi podrá darse cuenta de que está "hablando" con otro porteño. Hay una manera de decir que reconocemos nuestra en el voseo, en la ironía -sarcasmo a veces-, en las sutilezas, en el mundo referencial de las comparaciones, en las frases hechas, en el cruce con las letras de algunos tangos y hasta en el tono nostálgico de muchos de sus poemas. El uso de un lenguaje cotidiano y sencillo, los clisés, las palabras del lunfardo, los refranes, apoyan también el tono coloquial que recorre toda su poesía, y su sintaxis a veces descuidada es parte del mismo juego. El humor ácido y crítico es otro elemento destacable.

-Decíme, Luchi, ¿coincidís con lo que otros han dicho de tu poesía?
Hay críticos que olvidan algo fundamental: yo escribo para decir cosas que tienen que ver con un pensamiento y con una propuesta. No estoy con el artepurismo ni tengo nada que ver con la Torre de Marfil. Mi poesía se dirige al hombre. En este mundo poético donde todo, absolutamente todo, puede ser materia del poema, el centro es el hombre y sus dichas y desdichas cotidianas.


La muerte de Luis Luchi
El adiós a un hermano del alma

Luchi fue para mí más que un amigo, un hermano del alma. Lo conocí como vecino en el barrio de nuestra infancia, Parque Chas; años después nos reencontramos en grupos de escritores y pintores que ambos frecuentábamos. Con compañeros de otras disciplinas artísticas, realizamos una intensa actividad cultural a la que se agregaba una fervorosa y consecuente militancia política.
A mediados de los ´70, y hacia distintos destinos, los dos viajamos a Europa; él se radicó en Barcelona, yo anduve mundos hasta anclar en París, ciudad que a los dos nos fascinaba. La distancia no logró alejarnos, y nuestros encuentros solían tener lugar a orillas del Sena.
Yo volví a Buenos Aires; él prefirió quedarse en el lugar que le dio asilo -donde por otra parte fue más pòrteño que nunca- pero nos visitaba siempre que podía. Fue así que asistió a la presentación de su libro "Jardín Zoológico" y al encuentro "Todos con Luchi, todos" que, a pesar suyo, organizamos en su homenaje en el Club "El Trébol" de nuestro barrio.
Lo esperábamos para que participara en la presentación de "Amores y Poemas de Parque Chas", carpeta que teníamos en preparación , pero su salud se fue apagando de a poquito hasta motivar su internación. No se recuperó y nos dejó el 21 de octubre, diez días después de haber cumplido 79 años. Todos nos habíamos hecho a la idea de que, por haber vivido todos los riesgos, Luchi era inmortal; lo es a través de su recuerdo, que permanece, y de su extensa obra poética, que lo trasciende.

Pedro Gaeta


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martes, 16 de marzo de 2010

La Nación, martes 16-03-2003

Encuentro por la capital de Luchi

Mañana, en Parque Chas, se presenta una antología de su obra

  • Solía decir que el dedo de la estatua de Colón en Barcelona señalaba hacia Parque Chas. Así, con una ironía a veces sutil, a veces áspera, Luis Luchi construyó una obra poética particular en nuestro medio. Anarquista, aventurero, caminador, el vate nacido como Luis Yanischevsky, hijo de inmigrantes rusos, nació en Villa Crespo pero se crió y creció en ese barrio tan particular de Buenos Aires, Parque Chas, presente en su obra aun después de abandonar el país, a mediados de los años 70.

Mañana, justamente en la esquina dilecta de su barrio dilecto, en la escuela Petronila Rodríguez, Andonaegui 1532 (altura Av. De los Incas al 5000), se realizará un homenaje y se presentarán una nueva antología, Paseo por la capital de Luis Luch i (Ultimo Reino), y la reedición de sus grabaciones. La fecha no es caprichosa: Luchi nació el 11 de octubre de 1921 y falleció el 21 de octubre de 2000. Algunos datos biográficos pueden decir que en los años sesenta fundó el grupo Gente de Buenos Aires junto con el poeta Roberto Santoro, el plástico Pedro Gaeta y el músico Eduardo Rovira. Y que publicó más de una veintena de libros, entre ellos El obelisco y otros poemas (1959), P oemas cortos de genio-El muerto que habla/ 48 penúltimos poemas (1970), Resumen del futuro (1984) y Poemas y pinturas (1999).

Amante de los bares viejos, de las librerías y de extensas caminatas, Luchi es uno de esos personajes que uno cree conocer desde siempre. Mañana podemos reencontrarnos con su vida y sus versos en el lugar que quería refundar como República Independiente de Parque Chas.





Esta nota del 2003 comenta la presentación de una antología publicada en Buenos Aires. Ya no es noticia, pero queremos reflejar en este blog la presencia del viejo Luchi en nuestra memoria colectiva. Y a veces encontramos en la trama de las notas, algunas pinceladas sobre nuestro poeta que van enriqueciendo la imagen que tenemos de él.

Luchi de actualidad

Diario Crítica
Suplemento Vitamina C
28 de febrero de 2010

Realismo atolondrado
Joven
para siempre

Por
Washington Cucurto




El primero que me habló de la
poesía de Luis Luchi fue Daniel
García Helder, y yo era un
muchacho (pensemos que estaba
en la década del 90, neoliberalismo a
morir, consumismo por todas partes) de
viente pirulos y monedas, que no iba a la
universidad ni tenía acceso a los libros
secretos de la mejor poesía argentina.
Leía más que nada por impulso; porque
era (y lo soy) un atolondrado de mierda
que, como una esponja, absorbía todo lo
que caía en mis manos: libros, letras de
cumbia, películas, comics, televisión,
revistas porno, revistas de poesía; en la
bailanta me enamoraba de paraguayas y
al otro día las llevaba a conocer el
Cabildo, a conocer el Jardín Botánico. De
toda historieta me sentía protagonista y
soñaba. Leer es soñar. Si hay algo que nos
abre el cerebro para tener sueños, además
del amor, es la lectura.
Daniel, fue el tipo que me abrió los ojos,
que me metió la poesía como un hisopo
por la oreja directo al cerebro. Sin Helder
y sin Daniel Durand, no hubiese leído
nada. Me hubiese gustado leer todo lo que
ellos leyeron y de la forma en que lo
leyeron. Toda mi vida quise ser como
ellos. Pero no podía, ni puedo, ni pude
nunca; aunque lo intenté siempre.
¿Qué hacía yo? Trabajaba y trabajaba,
me explotaban en un supermercado.
Durante 13, 14 horas cargaba bolsas de
papas, de zanahorias, jaulas de lechugas.
De pronto, leía El Gráfico, Diario Popular;
de golpe La Maga, la revista Flash.
“No, loco, tenés que leer a un poeta que
se llama Luis Luchi”, me dijo Helder en su
casa y me prestó uno o dos libros de
Luchi. Me acuerdo que uno de ellos fue
¡Gracias, Gutenberg! Eran los años
lamborghinianos, el boom de los nuevos
narradores argentinos a lo Thomas
Bernhard ¿se escribirá así?
Se imaginarán que nadie hablaba de
estos poetas. Helder sí, pulgar para arriba,
me hablaba de de Rodolfo Hinostroza, de
Gerardo Deniz, de Francisco Madariaga,
del gran Luis Rogelio Nogueras.
“Tenés que leer a Boccanera, a
Szpunberg, a Gonzalo Millán, a Héctor
Viel Temperley, (cuando nadie lo conocía,
Ediciones del Dock estaba a años luz de
editarle su obra completa, era un gran
desconocido).
“Tenés que leer a Martínez Rivas, el
nicaragüense borracho”. Y yo, como un
poseso o un evangelista del Once, con
toda la fe del mundo, esa que mueve
montañas, entré a leerlos, casi con
desesperación. Todavía nadie los lee. A
veces pienso que fui el último lector
apasionado de muchos de ellos. De
Juanita Bignozzi y de Diana Bellesi, me
habló también Daniel, de Zelarayán me
habló Durand.
Una vez osé hablar mal de Raúl
González Tuñón y Daniel me dijo con esa
firmeza que sólo él tiene: “Lavate la boca
antes de hablar de Tuñón”. Corrí a
releerlo.
Ustedes se van a reír, van a decir: “Pero
si a estos poetas los conocen todos”. No
señores, puedo asegurarles que en la
década infame del 90 pocos los leían, eran
inaccesibles para un muchacho de veinte
años.
De todos ellos, Luis Luchi es el más
joven y el más alegre, es el que más
optimismo me transmitió en la vida. De
más está decirles que fue el que más me
impresionó, me sentí identificado con lo
que escribía. Cuando me dijeron que tenía
no sé cuántos millones de pirulos no lo
pude creer. “¡Pero si parecen los poemas
de uno de nosotros!”. Y sí, Luchi, con su
poesía sencilla, su tono porteño y directo,
su eterna recorrida por la ciudad en sus
versos; su ironía, su humor siempre
latente, me enseñó que la poesía no tiene
por qué ser solemne para ser buena, que
también puede ser un montón de cosas
más. Un gran antipoeta a favor de la
poesía, no como Nicanor Parra que
cuenta chistes estúpidos para la gilada.
Luis Luchi es uno de los grandes poetas
de la generación del 60 y de todas las
generaciones anteriores y las que quedan
por nacer.
En Eloísa Cartonera ya estamos
imprimiendo El Obelisco y otros poemas,
el primer libro de Luis Luchi. Asombra
que haya sido escrito hace más de 50 años.
A los primeros 50 lectores que se
enteren a través de esta nota, les
regalaremos dos ejemplares, uno para sí
mismos y otro para regalar. Eso le
hubiese gustado a Luchi, compartir la
buena poesía, la amistad y la alegría. Eso
nos enseñó a todos sus lectores. ¡Gracias, maestro!

OBRERO DE DEMOLICIÓN
Le ponen en el brazo
una pesa de quince kilos
y le dicen:
esa casa que está acabada
llena de ratas y telas de araña,
sucia y sin revoque
donde se enfermaron y murieron
donde golpearon en las puertas
para llevarse a los rebelados
donde gruñeron y se quejaron
donde se amó hasta afl ojar
los elásticos de las camas,
donde se llegó a horas inconcebibles
donde se rezó de miedo.
A esta casa, le dicen
la puede romper
y encima le pagan por metro cuadrado
y le cuentan las horas extras.


MI MADRE Y YO
He ido a llevarte fl ores
y las dejé así,
desordenadamente,
como soy yo, desordenado,
en mi vida y en mis sentimientos.
Y si muchas veces temiste
que era falta de cariño
es porque nunca hablé contigo
como lo hago ahora.
Tantas cosas tengo que explicarte,
cosas de ti misma y de mí.
Fuiste el trasplante inadaptado
y yo el brote que extendió sus fi bras
y bebió de sus tierras negras
y pronto cruzó sus ramas al cielo,
pasando por encima
de los débiles alambres
que quisiste convertir
en muros de tu pequeña fortaleza,
fácil de abatir
en tiempos de tormenta.
Venías de un mundo que moría
y traías el miedo;
el miedo de los niños
que temen la fuerza del viento
sin comprender su sublime grandeza.
Y pude llenar
mis manos y mis zapatos
de callos y dolores
que llegaron a ser míos.
Y me sentí un Juan, un Pedro
a pesar de mi apellido
con muchas letras.
Viví las horas de otros hombres,
me hicieron sufrir,
también lo hice,
di mi pecho en la pelea
y algunas veces,
pocas veces,
me porté mal.
Pequeñita en tu rincón
me sentías alejar,
decir un idioma extraño
sin comprender los signos
de esas manos que quedaban
fl otando en el vacío,
ofreciendo sus caricias
que yo creía no necesitar.
Aquí te dejo mis lágrimas desordenadas
con estos versos desordenados,
porque yo soy así
en mi vida y mis sentimientos
como estas flores desordenadas
que aquí quedan.

Lunes 15 de febrero de 2010

VERANO12 › LOS POEMAS DE LUIS LUCHI

Una vacuna contra qué

Por Juan Sasturain

El imborrable poeta Luis Luchi nació en Buenos Aires 1921 y murió en Barcelona –donde vivió casi veinticinco años, desde que se exilió a comienzos de la dictadura– en el 2000. No muchos saben que Luchi se llamaba casi secretamente Luis Yanischevsky, pues desde El Obelisco y otros poemas –que es de 1959– siempre firmó así. Aunque empezó relativamente tarde a publicar, siempre escribió mucho. Y los libros –alrededor de veinte, de poesía– se fueron acumulando. Siempre con muchísima coherencia, siempre con una voz absolutamente propia, un registro pegado a la oralidad único y reconocible. Dejó discos memorables: (se) leía muy bien, si cabe.

Entre otros títulos, publicó El ocio creador (1960); Poemas de las calles trasversales y La vida en serio (1964); Vida de poeta (1966); Poemas cortos de genio (1970); Ave de paso (1973); La pasión sin Mateo (1976); ¡Gracias, Gutenberg! (1980); Resumen del futuro (1984); Jardín zoológico (1995) y Contestarse a sí mismo en el canto (1997), editados en Buenos Aires y en Barcelona. Hay dos buenas recopilaciones de sus poemas: una Antología poética que realizó con saber y perspicacia Eduardo Romano en 1986, y otra más reciente, Paseo por la capital de Luis Luchi, del 2003, elegida por Lilian Garrido, y con un epílogo lindísimo de Alberto Szpunberg.

Lo primero que uno percibe en Luchi es la infalible respiración de los versos escritos / dichos, y después, sucesivamente, el equívoco tono jodón, la ironía y el sarcasmo siempre ahí, como una vacuna contra qué, las transiciones bruscas, la falta de costuras, los versos apilados por familias, las enumeraciones abiertas pero coherentes, el abrupto corte del chorro final. Todo un programa, una poética sólida sin necesidad de postulados explícitos.

Los poemas elegidos: “Paseo por la capital de la plata” es de La vida en serio; “Los nombres y el amor”, de Poemas cortos de genio y “Admiración por los próceres”, de ¡Gracias, Gutenberg!

SUBNOTAS

Paseo por la Capital


Paseo por
la capital de la plata

Aquí me tenés país

desnudo he venido al mundo

no te sembré la patria

excepto un rosal

que una vez planté

y mi dulce mamá

que enriquece dos metros de tierra

esperabas de mí

por lo menos

ganas de trabajar

aquí me tenés país

escribiendo versos

con el desencanto

de los necesitados de mano de obra

en los momentos de desarrollo

que se aguanten los perversos

falsos

mentirosos

que para mi apátrida

los cuentos no sirven

nunca me acogerás en tu seno

nadie me pidió

ni yo

nada tengo que dar

nada me dan

ni los documentos

soy una porción de mapa

un montón de gente

luisito pedro alberto

irene

la ñata toto

un montón

que viven en pueblos

donde saben lo que hacen

y antes de fabricar riquezas

crean los calabozos para cuidarlas

correos teléfonos

espías inconfesos

hoteles llenos

de pulgas argentinas

y perros muertos de rabia

viajan en bicicletas motos

ómnibus aviones

se despiden siempre están ocupados

arrancan hojitas de almanaques

esperando la noche del descanso

pero felipe orfeo

a esa misma hora

la nación les obliga publicar noticias

y consiguen dormir de día su conciencia

qué hacer conmigo país

¿regalarme zapatos usados?

soy de otra raza

judíos envenenados por la ganancia

fuera conmigo país

que pago impuestos al comprar fósforos

y enciendo continuamente

sobre la prosperidad que por mi culpa no existe

cómo es posible país

no ser masón espiritista socialista

no ser rotario empleado de banco católico

contar historias con fruición

reírme de san martín

hablar serio con bustamante

dudo de la legitimidad

en las bebidas

de los huecos de los buzones

del sexo de las prostitutas,

así soy yo

me podés echar

justo para navidad

o para peisaj

o para el ramadán

dónde voy a ir

a comprar caramelos al almacén de enfrente

a sonreír al cine donde está prohibido fumar

y después pedir un catálogo

con aldeas y lluvias al mediodía,

canto país

porque me gusta cantar

y cuando estoy solo

lo hago con voz firme

y bien entonada

al acercarse otro argentino

enmudezco su recriminación

por vergüenza de mi hombría que no está en discusión

a esto he llegado país

el amor es lo que quiero

no lo escribo ni lo alquilo

no se paga ni tenés nada que ver

estoy acosado por la muerte

cada vez que abro una puerta

la alegría de vivir

no tiene que ver conmigo

ni los ruiseñores del sonar divino

me identifican

y como temo equivocarme

porque a esto lo llamo canto

si algo me queda agregar

decido:

soy su enemigo

me pueden fusilar

me pueden perdonar

pueden llamarme por teléfono

52-6896

decirme un chiste

que no voy a perder

aunque soy de reacciones lentas

tengo sentido del humor

hacerse que no me conocen

hacerse que me conocen

decepcionarse de mí

y contárselo entre ustedes

yo entre el séptimo y octavo

vaso de ginebra

les diré

tratando de no hacer mal a nadie

préstenme las obras de kropotkin

que tengo ganas de leer.

Los nombres
y el amor

Gladys y Roberto se enamoran en televisión.

Teresa en el teatro.

Ludmila en el Colón.

Alicias arrancan tiernas palabras en las plazas,

Patricias serán mujeres temerarias,

Irmas maternales.

Las Elenas de ojos azules

vengadoras desde sus antepasados

de ojos azules, ojeras violetas.

Robustianas sacarán agua del pozo,

violadas sobre yuyos.

Eugenias morirán en los partos de las generaciones,

cayéndoseles el libro de la mano.

Mary, July, Pegy,

rebeca, venancia, hilda, bety

vivieron la primera experiencia profesional

de la pasión juvenil argentina

en ascenso;

con pesar las usaron

como máxima ofensa individual

para tirar a una cara.

Jacobas pasarán plumeros en los escritorios

bajo la mirada calificativa de los sobrestantes.

Isabeles, galleguitas divinas,

enamorarán a gayegos mayoristas,

sabrán contar pero no leer;

Gracielas sí sabrán leer

lo enseñaron con sus cuarenta años de maestra rural,

y el caballo de príncipe está sin montar.

Juanas, las locas de amor, en libertad por ahora.

Claras, cuando no presas llevan paquetes.

Tita, Lita, Ñata

jugarán al carnaval;

por la noche se disfrazarán.

Carlota guarda un álbum con actores de cine.

Tanias cargarán de pólvora las balas.

Florencias les curarán las heridas de guerra.

Las Marías Bonitas no se rinden.

Admiración
por los próceres

Estaba de guardia en la réplica de boulogne sur mer desde joven en la mezcla de cemento del monumento a la bandera. No se perdía un solo cambio de los cambios de granaderos y los vistosos uniformes. Rivadavia la recorrió de punta a punta, atravesó la cordillera se ahogó en el pacífico demostrando: la calle más larga del mundo. Castro Barros es bueno, Mitre es bueno, Sarmiento mejor, Corrientes es bueno, tiene una sola mano; el manco le dicen. Saavedra es bueno como pinzón; a la Lavalle la adoro si no fuera tan fusiladora. Aranguren es bueno, Avenida del Libertador es bueno, Alvear es bueno, toda su familia es buena. Roberto Arlt es bueno le dieron un pasaje, Ingeniero Huergo es bueno lo pusieron en el paisaje, Pringles es valiente, Luis Viale sabe nadar. Triunvirato era bueno, le sacaron el tranvía Lacroze. Monroe era un ángel, la General Paz es bueno y un héroe. En el museo histórico nacional en la sección numismática monedas verdaderas de oro. Almafuerte se lo merece, La Internacional sin ponerle número ni fecha. Un día entró por Balcarce (también era bueno), salió con Alem, Dorrego lucha contra las serpientes, es derrotado por bueno, Moreno es paralelo a Belgrano, los corta Jujuy, en la calle Pepirí me paro en la esquina. Posadas era un guapo, Montevideo y Paraná se cortan mutuamente, cuidado que aparece el gobernador Andonaegui.

Todos colaboraron en la patria ya hecha, la calle Luna es buena, donde me pongo triste, donde no hay ninguna expectativa para mí, donde la pena de morir sin que se entere Peralta Ramos, ese sentimiento no cabe en la Avenida de Mayo, el cayejón El Panal, Mozart era bueno, pero bueno, Billighurst, Azara, Ramón Falcón es bueno, un capo, yo camino buscando los parrones, de ese boliche salió un borracho y las vecinas lo intitularon el hombre perdidoamargadoresentido abandonado de la mano de Dios. Formen un cabaret y quizá salga de ese lugar el nuevo tango. Troilo es bueno, Piazzolla un encanto, los cantores publicarán las chapas de una ciudad en progreso. Necochea desobedecía las órdenes, Cádiz es redonda. Ford es argentino, Remington Rand es argentina, las fronteras son argentinas, esas mujeres viejas con peinados y acento provocador lo son, General Motors es argentina, San Martín es correntino por ende argentino, el banco municipal de préstamos es argentino, Fiat es argentino, Leguisamo uruguayo. La entrada al suburbio es porteña, el sur queda allí abajo un poco de los chilenos, el cielo lleva el color de la bandera, vale la pena morir por ella si no nos aplastan la cabeza. La carne es universal, los gobiernos son patriotas, las abejas son patriotas y nos dan la miel, los golfers son patriotas, unos hacen conocer en Inglaterra, no a mí, a ellos.

País si se los limpia, sucio de la mirada turbia alegrada por el alcohol dispuesto a inventar un nuevo compás de tango. El doctor Fernández Verano es inmune, ¿yo soy inmune? Jacobo se dio una inyección de ánimo, Firpo es campeón, Pérez Pícaro un ganador, Gaeta es bicicletero, los domingos por la tarde pinta su casa y sigue el domingo próximo pasado. La muerte mía trabaja las veinticuatro horas del día. La policía es mía nacional y auténtica sin cortapisas no descuidan un segundo mientras los cambiadores amateurs no dejan guardias cuando se van a dormir, se pierden por eso algunos momentos del crecimiento del árbol. Rugierito es valiente y es útil. Valdez Cora ni valiente ni útil. Caprioli un compadrón, el Cacho Otero no se pierde una oportunidad. Hernández es triste, todos los Hernández son tristes, Bernárdez es triste, todos los Bernárdez son tristes, Borges es triste y lamenta su muerte, Carmelo lloró cuando se le murió el perro, yo soy triste y todas las mañanas escapo a los tristes sin consistencia cuando la tristeza crece.

Antología, Ediciones
Ultimo Reino, Bs. As., 2003



luchi en el bar



Jorge Sarraute fue un gran amigo de Luchi. Sus recuerdos llegan hasta los largos viajes que hacían en Argentina en una furgoneta para pasar unas veladas poético musicales al abrigo de las nubes de la pampa. Muy cerca de su muerte, Luchi llamó a Jorge para decirle en un susurro cómplice: "hay que hacer una banda para asaltar bancos". O algo así, porque esas últimas palabras ya forman parte de la leyenda urbana que escribió el viejo durante su vida.

viernes, 26 de febrero de 2010

Luis Luchi y el músico Jorge Sarraute

El poeta con el músico Jorge Sarraute en el barrio Gótico de Barcelona a mediados de los años 70.
Ver www.jorgesarraute.com

miércoles, 24 de febrero de 2010

"El Sena para mí" en italiano

tomados de ipoetinomadi.com


La Senna per me

Sei un po' per me
Senna, che altri poeti ti possedettero.
Mi trovo troppo lontano
per nuotarti dentro o attraversarti in barca.
Se avessi un mucchio di soldi
sai bene che appoggerei alla ringhiera
del tuo percorso circoscritto
la mia testa con pena.
E direi, questo lo immaginavo,
quello sta al suo posto.
O presto scoprirò un’ansa
che godetti o vissi
e sarei in condizioni di prevedere;
adesso sto per emettere questa parola,
avrò un’avventura,
imiterò la luna
o riconoscerò che sto sognando.
Ma più sicuramente che starò sognando
e come mi piacerebbe, Senna,
andare per le tue sponde
in un’onda senza riposo
dei tuoi periodi di pace.
Ho un presentimento che le primavere
mi avvolgeranno,
e saranno inquiete
quando non mi sentono felice
e io spiegherò loro,
che mai potrei non spiegar
che non sono triste per loro,
che tutto quello che mi può andare bene
qui mi accade.
Che nonostante sia arrivato
non più giovane
è possibile che mi guardino e mi stimino
soltanto
perché scrivo versi,
soltanto per questo.
E può darsi che mi decida,
perché no,
di lanciarmi nelle tue acque e morire.
E diranno di me,
e lo spero,
un poeta,
argentino,
lascerò i miei documenti in regola;
affondò nella Senna perché le voleva bene
avendo tanti fiumi nel mondo,
e nel suo paese.

Luis Luchi (de “L’ozio creatore”, 1960)

Traduzione: Carlos Sanchez

sábado, 13 de febrero de 2010

Luis Luchi y Alberto Szpunberg en asamblea permanente

De "La academia de Piatok", de Alberto Szpunberg

NAIDE ES MÁS QUE NAIDE RESPONDE
A DON NADIE

a Luis Luchi


El mundo es su palacio y Él reina sobre todos pero todos
somos hombres de palacio: Piatok es hombre de
palacio, su caballo es hombre de palacio, nadie, el que
no es, es hombre de palacio, y el don nadie, el que será,
también es hombre de palacio, hay grandes caminos que
llevan a Moscú o Krivosoiovo o Parque Chas, hay
caminos menores que, por ejemplo, van de Berdichev a
Buenos Aires o el Masnou, hay senderos que atraviesan
el bosque, hay atajos que burlan los senderos que
atraviesan el bosque, y hay pasadizos secretos entre
letra y letra que recorren todo el inmenso mundo, y todo
el inmenso mundo es su palacio, y el quejido de sus
infinitas puertas es nuestro quejido, y el crujir de sus
maderas son nuestros huesos, y sus largos pasillos nos
llevan adonde nos llevan, y todos los que vamos y
venimos somos hombres de palacio que vamos y
venimos, y hasta el Zar de todas la Rusias, maldito sea
su nombre, con su Palacio de Invierno que pronto será
nuestro y antes dejará de serlo, también él es hombre de
palacio, y hasta el tendero que nos desnuda con sus telas
es hombre de palacio,
pero, de pronto, alguien enciende el fuego y se refriega las
manos, otro alza la copa y canta, los demás bailan y
bailan y se abren las ventanas y es primavera y, bajo la
lluvia, el palacio, de punta a punta, es barro y vuelve
al barro y el barro huele a nosotros, los que creamos el
mundo con nuestras manos como si fuese un palacio,
incluso a riesgo de que alguien, Dios no lo quiera,
confunda el aire con el andamio
aunque ya no nos pagan, por cierto, los accidentes de
trabajo ni las horas extras.



De La academia de Piatok, de Alberto Szpunberg, editado por la Fundación Editorial el perro y la rana, Caracas, Venezuela, en el año 2.008.

Alberto Szpunberg y Luis Luchi


Copio de Wikipedia:

"Alberto Szpunberg nació en 1940 en Buenos Aires, Argentina. Obtiene su licenciatura en Letras. En 1973 se desempeñó como director de la carrera de Lenguas y Literaturas Clásicas y profesor de Literatura argentina y Medios de comunicación y literatura en la Universidad de Buenos Aires. Como periodista fue redactor del diario La Opinión de Buenos Aires del cual fue director del suplemento cultural de 1975 a 1976, año del golpe de estado en la Argentina que le obliga en 1977 a exiliarse en Barcelona. Desde 2001 ha sido profesor de Literatura y Política en la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo.

Participó en varias antologías de su país y del extranjero: Los Nuevos (1968) y Poesía social del siglo XX (Centro Editor de América Latina, 1971). Ganó en Francia el Premio Internacional de Poesía Antonio Machado 1993/94 por Luces que a lo lejos. La singularidad de su obra está dada por el amplio dominio del lenguaje poético que trasunta un tono lírico coloquial y también discursivo. La palabra directa, combativa, justa y solidaria, transmite con verdadera energía poética y sin desbordes emocionales, las luchas e injusticias, testimonio lúcido de situaciones históricas concretas."

El poeta Alberto Szpunberg fue cumpa-camarada-gomía-colegui de Luchi en el largo camino hacia la luz poética. Interlocutor eterno, aún sigue un diálogo fraterno lleno de coincidencias y discrepancias con el viejo Luis en la Asamblea Permanente, que los reconoce como dos referentes indispensables.

Luchi en Nou de la Rambla, Barcelona

Luchi con César Strocio

Luchi cerca del Sena

El mes de octubre



Octubre




Color de pureza en las flores

decisión de revoluciones.

El fresco temblor nocturno

distiende su contraído semblante


y sopla un chorrito de leche

para cortar la oscuridad cerrada.

El cielo tan alto como las estrellas,

la espalda húmeda

por el beso que ha puesto en mis labios

la noche de octubre.

Octubre,

mi mes de besos puestos en mis labios.

Las aromas ya se sienten;

están.Estoy impregnado de Octubres

buenos y malos y sin importancia

Soy Octubre jardín y cambiante,

mi piel es nueva, mi lamento es otro.

Comienzo el año en Octubre

porque soy jardín y cambiante,

Comienzo el año en Octubre sereno.





Luis Luchi nació y murió en octubre.

Eduardo Rovira intrepreta "A Luis Luchi"

viernes, 12 de febrero de 2010

Kinoto y Luis Luchi

El poema Los motivos para volver a su tierra está extraído del libro Luis Luchi y Kinoto editado en Barcelona en 1.999. Colgaremos otros poemas ilustrados por Kinoto, que fué gran amigo de Luchi.

Kinoto, radicado en Ibiza durante muchos años siempre venía de visita para ver a Luis. Gran pintor y artesano, era una persona entrañable. Lamentablemente para todos falleció en octubre del 2.009 dejándonos huérfanos de su ternura y bonhomía. Anarquista de la primera hora coincidía con Luis en su espíritu libre y creador. Pasaba horas contando sus anécdotas con él, a quien admiraba y quería desde siempre. Kinoto esperaba en el puerto de Barcelona los barcos que llegaban desde Argentina con los exiliados que se iban de la oscura noche que cayó con la última dictadura militar. Miraba entre las caras agrisadas del pasaje buscando amigos y conocidos para darles su cálida bienvenida entre lágrimas y abrazos. Uno de esos abrazos, tan necesarios en esos momentos, lo recibió a Luchi. De su amigo Kinoto.

Sirvan estas líneas de sentido homenaje a su figura.

Poema, ilustración y tapa del libro "Kinoto y Luis Luchi"






El trío Esquina





El trío Esquina de César Strocio interpreta el tango dedicado a Luis Luchi por Eduardo Rovira.

domingo, 7 de febrero de 2010

Nota y reseña, de Lilian Garrido



de Parque Chas: "estamos haciendo historia"



Parque Chas web com.ar
desde Parque Chas al mundo

AMORES Y POEMAS EN PARQUE CHAS



LA REPUBLICA DE LUIS LUCHI


Te espero en Ávalos y Berlín...



Por Lilian Garrido
Buenos Aires, enero 2001

Teníamos varias cosas en común. Nos gustaba juntarnos a charlar hasta altas horas de la madrugada: la noche, en Buenos Aires y en Barcelona, es más apta para que fluyan los pequeños y grandes temas. Leíamos hasta el hartazgo (él mucho más que todos nosotros).

La literatura -sobre todo la poesía-, ocupaba un lugar importante en nuestro temario. Lo que más me interesaba escuchar, sin embargo, era el enorme anecdotario que rodeaba cada poema, cada edición, cada nombre. Para todo y para todos había un contexto, una referencia. Y era entonces como revisar la historia, la universal y la cotidiana, la oficial y la secreta. Paseábamos por el mundo sin movernos de esa mesa de café, sin salir del comedor de su casa o de la mía.

Por las rendijas de la interminable conversación se filtraban sus análisis políticos, su visión de las cosas. Nunca lo escuché hablar mal de nadie, quizá porque su infinita bondad le permitía comprenderlo todo y si la cosa se prestaba para una opinión adversa, su ironía la disimulaba.

Me acuerdo del día en que le mostramos una foto de Paco Urondo en Cuba, alIado de un retrato de José Martí. "Ah, sí. A ellos les gustaba sacarse esas fotos importantes", fue el único comentario.

Había nacido en Buenos Aires el 11 de octubre de 1921 pero se mantuvo siempre más joven que todos y por eso nos acercábamos a pedir opinión o consejo o simplemente a buscar sus oídos atentos y su palabra amiga. Era un sabio. Su sabiduría radicaba más que en los conocimientos que le habían dado sus lecturas y experiencias de vida, en su sencillez y humildad sin límites.

Enemigo de los homenajes y las fajas de honor, nunca conocí a nadie tan sinceramente desinteresado por los premios, tan ajeno al lobby. Habíamos crecido enel mismo barrio y esa denominación de origen nos hacía indestructibles. Parque Chas no tenía secretos para nosotros y mucho menos para ellos, una buena barra, que había pasado de las calles de tierra al asfalto casi sin darse cuenta. Ir de Cádiz y Victorica a Bauness y Bauness era sólo caminar cien metros.

En otro barrio hubiera sido una línea recta, pero en el nuestro es todo curvo y ondulante, como las caderas de las musas de Pedro Gaeta. Esa distancia tan corta se transformaba en un "viaje" en sentido griego, un camino de aprendizaje. En uno de mis viajes aprendí, Luchi me enseñó, que el trabajo debe ser remunerado; en otro, me llevé a Hemingway bajo el brazo; en otro, supe que el conocimiento es una tarea sin fin. . .

Una vez a mi hermano, entonces un pibe, se le había ocurrido leer la Biblia. "Tenés que pedirle permiso a tu papá, porque tiene algunas partes pornográficas". Papá, que nunca la había leído, se sorprendió con la advertencia.

No había motivos para prohibir su lectura, pero si Luchi lo observaba. . . Había hacia Luchi cierta veneración y respeto. El propio Roberto Santoro, íntimo amigo, en un reportaje que le hizo y que quedó registrado, por momentos preguntaba con excesivo cuidado.

Era, por otra parte, complicado lograr una entrevista: su modestia -sincera, nunca falsa-, lo ubicaba en una situación incómoda cuando se sentía centro. Era orgulloso, sin embargo, de su trabajo de poeta y muy cuidadoso de sus publicaciones. He estado toda una tarde junto a él corrigiendo las pruebas de Fuera del margen y, me consta, tenía en claro cada verso, cada palabra.

Para la edición de Amores y poemas en Parque Chas, seleccionó y envió los poemas desde Barcelona, eligió el título, revisó las pruebas que le llegaron por correo y nos las reenvió a la semana siguiente con algunas aclaraciones ad hoc. Un modo de mostrarnos que en su elección por el ocio -ocio creador, se entiende-, había responsabilidad y respeto por la gente.

Por lo demás, es un error creer que Luchi se desentendía de las ediciones: en la medida de sus posibilidades, manteniendo un estilo "porteño por la sutileza", seguía de cerca el asunto. Sin dudas, faltó un agente literario que viera en sus escritos valiosa mercancía. No faltaron en cambio amigos -tenía a montones-, que valoraran su poesía.

Su primer libro, El obelisco y otros poemas, fue publicado porque el escritor Juan José Manauta, entonces director de Signo, se había entusiasmado con los poemas de Luchi, quien trabajaba como vendedor viajante para esa editorial. Desde la publicación de El obelisco..., en 1959, hasta Poemas y pinturas (1999), fueron 40 años dedicados a la poesía.

Trece libros aparecidos en la Argentina y cinco en España, además de los tres discos y el compact disc donde quedó registrada su voz, hablan de una producción vasta y muestran un universo poético donde absolutamente todo tiene cabida.

En su casa de Bauness y Bauness -Bauness entre Bauness y Atenas, para ser más precisa-, era fácil encontrar a Luchi durante el día, sentado en una habitación tapizada con libros del piso al techo, leyendo o escribiendo. Papá había ido a visitarlo una mañana y ahí estaba, muy concentrado en la lectura de una novela: -¡Hola, Luchi!, ¿qué está leyendo? -Los Karamazov.-¡Dostoievski!. Yo la leí hace mucho. . .-Yo la leí cinco veces. -¿Qué le parece? -¡Una porquería!

Los domingos a la mañana podía vérselo en la plaza (la placita del Trébol, por supuesto), hamacando a sus nietos. Por las noches había que buscarlo en algún bar de la avenida Corrientes o sus alrededores o en algún acto de homenaje a o de solidaridad con o en la presentación de algún libro -propio o ajeno-, o en una lectura de poemas o en la inauguración de una muestra o simplemente caminandopor ahí, recorriendo librerías o disfrutando de los colores y olores de Buenos Aires. Difícilmente anduviera solo.

Era habitué del bar Ramos -cuando el Ramos era el Ramos-, de El Estaño de Talcahuano y Corrientes -al que habían bautizado "El Gardelito"-, y del viejo Bachín, la cantina que estaba sobre Sarmiento, casi esquina Montevideo. Solía ir a La Paz, Los Pinos y La Academia, también.

En Parque Chas, tenía su "despacho" en el bar de Triunvirato y La Pampa. Le gustaban los bares a la vieja usanza y una de las cosas que más lo había tocado fue descubrir, en una de sus venidas a Buenos Aires, la impersonalidad que habían adquirido los boliches, todos iguales, con sus luces de neón y mesas de fórmica. Gran caminante, conocía Buenos Aires mejor que cualquier porteño y Barcelona mejor que cualquier catalán.

Ese andar observándolo todo, en sus mínimos detalles, le daba material para sus poemas. Su observación del habla popular, de las costumbres, de las pequeñas y grandes cosas de la vida, su percepción del alma humana y su conocimiento de la historia, lo colocaban en una situación de privilegio.

Cuando a fines de 1975 decidió irse a Barcelona, en barco,algunos amigos organizaron la cena de despedida en la cantina Chicho, de Plaza y Zárraga. Roberto Santoro, tras haber comido los tallarines y albóndigas de rigor, especialidad de la casa, se puso de pie, leyó un "discurso" optimista y le entregó obsequios preciosamente preparados para la ocasión: un boleto de tranvía y una bolita cachuza.

Nadie pensaba en el adiós, pero todos intuíamos -situación política mediante-, una larga ausencia.Contra todos los pronósticos, Luchi quedó anclado en Barcelona. Vino unas cuantas veces a Buenos Aires pero su idea de volver para siempre quedó incumplida. Tenía, eso sí, estrategias que irremediablemente lo traían al barrio. Repetía hasta el cansancio que el dedo de la estatua de Cristóbal Colón, erigida en el puerto de Barcelona, señalaba Parque Chas.

Siendo consciente, además, de la personalidad del barrio y como buen anarquista, la fundación de la República Independiente de Parque Chas se había transformado en un objetivo a corto plazo. Decía que sobre Pampa, "nuestro río navegable", debíamos anclar los barcos para defendernos de los ataques de Villa Urquiza. Había elaborado numerosas tácticas militares, envidia de los mejores estrategas, para sorprender al enemigo en esa especie de tela de araña, contándose entre las más eficaces la cita en Ávalos y Berlín. . .

Una noche, desde el balcón de su departamento de Victorica y Pampa, atalaya de la República, me señaló los puntos estratégicos para la ubicación de los francotiradores. Esa misma noche y en ese mismo balcón, me confesó la tristeza que le producía regresar a España. "¡Y justo ahora te ponés melancólico! . Pensá que vas a hacer un trámite y volvés", le dije. "¡Eso! -me respondió-. ¡Sí señor!. Voy a arreglar unos asuntos con mi notario y vuelvo".

La última vez que estuvo por estos pagos fue en 1995, cuando se presentó su libro Jardín Zoológico. En Barcelona fue siempre un porteño más. Nunca abandonó el mate ni la vida de boliches. Siguió escribiendo en español rioplatense (en Resumen del futuro publica "Vida rea", poema lunfardo que pocos catalanes habrán entendido). Siguió participando activamente de toda causa que considerara justa.

Allá -24 años no es poco-, se hizo su lugar (no muy diferente del de acá). Los poetas jóvenes lo respetaban y admiraban y prueba de esto es el homenaje que le hicieron en las Ramblas, hace algunos años. Tan desinteresado por ser centro de nada (no desagradecido, ¡cuidado!), el día que tenía que leer dejó los poemas en su casa y hubo que ir a buscarlos. Pero así era Luchi y por eso lo queríamos.

Haciéndole un corte de manga a las leyes de la naturaleza lo creíamos inmortal. Sabíamos de sus problemas cardíacos, de su fatiga, de su internación en el Hospital del Mar y de su resistencia a la internación. Sabíamos de sus años de alcohol y cigarrillo. Sabíamos muchas cosas pero la convicción de su inmortalidad era más fuerte.

Por eso, cuando el 21 de octubre de 2000 me llamaron paradecirme que había muerto, no pude más que despedirlo con un ¡Parque Chas libre o muerte!, en un esperanzado intento de confirmar que la República Independiente de Parque Chas seguía en pie.




Algunas consideraciones sobre la poesía de Luis Luchi.

Contexto

Para ubicarnos en tiempo y espacio, digamos primero que Luis Yanischevsky, hijo de inmigrantes rusos, nació en Buenos Aires, en Villa Crespo, el 11 de octubre de 1921. A los cinco o seis años de edad se mudó con su familia a Parque Chas y ése fue su barrio.

En esos tiempos, Parque Chas era geográficamente un potrero con unas pocas casas dispersas y, étnicamente, un crisol de razas: rusos, polacos, italianos, españoles, turcos, alemanes y, por supuesto, criollos, compartían los mismos límites.

Luchi fue creciendo junto con el barrio, conviviendo con las
distintas lenguas y costumbres (poema "Che, turco"), quizás influido por su propia familia, militó activamente en el Partido Comunista y fue evolucionando hacia el anarquismo (les diré / tratando de no hacer mal a nadie / préstenme las obras de Kropotkin / que tengo ganas de leer).

Trabajó como obrero gráfico en editorial Atlántida, como vendedor viajante de libros para las editoriales Signo, del
PC, y Raigal, de la UCRI, hasta que se convenció de que el mundo del ocio era más gratificante y decididamente menos alienante que el del negocio y a partir de esa evidencia se dedicó de lleno a la poesía.

Tanto por elección como por convicción, se mantuvo siempre al margen de la cultura oficial. Esta "marginalidad" lo apartó de las academias, los claustros universitarios y los suplementos literarios de los principales diarios del país.

Lo acercó, en cambio, a grupos literarios más populares, que optaban por los cafés como punto de reunión y los clubes de barrio o entidades similares como lugares de acción. En los años '60 participó activamente en El Matadero, grupo de cuentistas cuyo nombre rendía homenaje al relato de Esteban Echeverría, considerado el primer cuento argentino.

El grupo se reunía en el café El Estaño, de Talcahuano y Corrientes, al que habían renombrado "El Gardelito" y estaba integrado por Guillermo Cantore, Blas Raúl Gallo, Nenina Caro, Mario Lesing, Arminda Ralesky y Lubranolas, entre otros.

El Matadero se proponía publicar a jóvenes que escribieran con sentido popular y, para tal fin, crear una editorial con selección oral y pública de cuentos. Nuevo Teatro les prestó varias veces la sala donde integrantes del grupo leían sus relatos y el público, convertido en una especie de asamblea,
definía la publicación con su aprobación o su rechazo.

"El brasilerito", único cuento publicado por Luchi, apareció en la antología Cuentistas argentinos contemporáneos, editada por El Matadero en 1961.

Entre paréntesis: como un saludo a sus compañeros narradores, los libros Resumen del futuro y Mishiadura en las dos ciudades , publicados en Barcelona en 1984 y 1993, respectivamente, fueron editados por Ediciones del Escorxador, palabra ésta que en catalán significa "matadero", aunque el homenaje se limitó sólo al nombre, ya que el espíritu de participación y polémica se había perdido.

Volviendo a los '60, merecen por lo menos ser mencionados los interminables asados en la casa de Enrique Wernicke, en Olivos, donde se juntaban poetas y escritores, generalmente los sábados y hasta bien entrado el domingo, para hacer honor a la literatura y el vino.

A fines de los '60 y en los 70, junto con el poeta Roberto Santoro, el músico Eduardo Rovira y el artista plástico Pedro Gaeta, formó el grupo Gente de Buenos Aires.

Además de una gran amistad, compartían el sentido social
y la necesidad de realizar actividades culturales como parte de la revolución que llevaban adelante.

Buscando la mayor participación posible y con la idea de integrar a los artistas con el público y a las artes entre sí, Gente de Buenos Aires decidió que los clubes de barrio, las sociedades de fomento y las escuelas eran los escenarios ideales para desarrollar su propuesta.

El grupo realizó también una actividad editorial intensa y, gracias a ella, la voz de Luchi quedó registrada en el disco simple Tango de música a lo lejos y su letra impresa en los libros Los rostros, Poemas (1946-1955) y La pasión sin Mateo.

Por otra parte, en varios de los libros de Luchi, participan
artistas plásticos: El ocio creador está ilustrado por Miguel
Dávila; La vida en serio y Los rostros, por Pedro Gaeta; Mishiadura en las dos ciudades por argentinos y catalanes:
Joan Alonso, Raúl Capitani, Héctor Cattolica, Roberto Duarte, Pedro Gaeta, René Langlois, Marie Ange Margall, Miguel Ratto "Kinoto", Luis Suvervil y Carlos Terribili; Contestarse a sí mismo en el canto, por Oscar Grillo; Poemas y Pinturas por Miguel Ratto "Kinoto".

Para seguir en esta línea de participación e integración, en Amores y poemas en Parque Chas colaboran tres plásticos, los tres de Parque Chas -por nacimiento o por adopción-: Pedro Gaeta, Hugo Griffoi y Juan Carlos Ferrero.

Precisiones más, precisiones menos, hay que ubicarlo en
la vertiente políticamente más comprometida de la
generación poética del '60.

Más allá del partido o facción donde cada uno estuviera o militara, todos creían, Luchi el primero, en la revolución social. y si bien él era mayor que los muchachos de dicha generación, empieza a publicar en aquellos años. Hay, por otra parte, temas comunes: la ciudad, el barrio, el tango, las luchas sociales, la admiración por César Vallejo y Vladimir Maiacovski. El estilo coloquial es otra característica compartida.

Texto

Decir que el estilo de Luchi es coloquial es decir muy poco si no se hacen algunas salvedades. Es coloquial el estilo de Humberto Costantini, de Roberto Santoro, de Roberto Juarroz y de María Elena Walsh, para poner ejemplos de un lado y del otro. Es en el uso que hace del lenguaje donde su voz se diferencia dentro de la corriente coloquial y donde se nota la búsqueda -y el logro- de un estilo propio.

El coloquialismo se advierte, por ejemplo, en el uso del voseo, el imperativo y una sintaxis a veces descuidada. Pero hay muchos otros componentes que distinguen la voz de Luchi como personal y única.

Voz que, por otra parte, adopta distintos tonos: el tono admonitorio de "Instrucciones para el hospital Tornú", contrasta con el nostálgico de "Lugar donde se nació" o "Final de la casa" y/o con el jocoso de "Cerrado por duelo".

Los paralelismos, enumeraciones y acumulaciones abundan en su poesía. El divertido poema "Tercero en discordia", del libro La pasión sin Mateo (1976) es un in crescendo de insultos que terminan incluyendo al lector como árbitro.

En "Festejando el triunfo", de Resumen del futuro (1984), asume la voz colectiva al acumular frases hechas tomadas del acervo popular. Otro tanto ocurre en "El espiante (en gran forma)", de Vida de poeta (1966), aunque aquí la irónica enumeración de clisés termina con un sentencioso los grandes destinos / esperarán un poco más.

Su discurso poético se nutre de clisés, jergas, expresiones
populares y voces lunfardas. Luchi ha escrito algunos poemas lunfardos ("El cana Manopla"), pero además palabras lunfardas aparecen con frecuencia y naturalidad en sus versos.

Esto es un ingrediente de su coloquialismo pero además de la porteñidad que tiñe toda su poesía. Desde su primer libro, El obelisco y otros poemas ( 1959), se perfila como un poeta ciudadano, especialmente de la ciudad de Buenos Aires. La ciudad está presente como espacio fisico y también como espacio lingüístico. Luchi escribe -esto es obvio- en español "porteño".

El uso del voseo, el lunfardo, el mundo referencial de las comparaciones, el sentido del humor -muchas veces irónico y hasta sarcástico-, las sutilezas y, sobre todo, el modo de decir, remiten al español que hablamos en Buenos Aires.

Otro elemento destacable y que apunta en esta dirección es la intertextualidad: sus versos se cruzan a menudo con citas de letras de tango (disminuyendo víctimas de helicópteros / masacres, soledades, lunas / y más allá la inundación) o de algún otro poeta.

Pero también el cruce se produce con expresiones del habla popular, que se mezclan entre sus versos y funcionan como propias: la viuda es hija del barrio / su primogénita ligera de cascos arrepentida. Con los refranes ocurre lo mismo: "Canto de pescadores", de Ave de paso (1973), está armado sobre la descomposición y recomposición de refranes relacionados con el río y la pesca ("a río revuelto, ganancia de pescadores", "el pez por la boca muere, " cuando el río suena...", etc.).

El sentido del humor y la ironía de Luis Luchi merecen ser resaltados, tanto en su vida como en su obra. En "Cerrado por duelo" sintetiza una situación que parece extraída de un monólogo de Niní Marshall. Pero sus humoradas alcanzan el clímax con El muerto que habla (48 penúltimos poemas) - Poemas cortos de genio (1970), dos libros en uno, invertidos.

Hay un humor más sutil, entre líneas, como cuando dedica "Belgrano mi general" al historiador Grosso chico, aludiendo al rematador Gerónimo Grosso, encargado de la venta de los lotes de Parque Chas y al ilustrador Fortuny, algunas de cuyas obras ilustran el Curso de historia nacional del sí historiador Alfredo B. Grosso.

Lejos de ser original, ya que estas experimentaciones discursivas las hacían los surrealistas a principios del siglo XX, Luchi aprovecha el espacio para desplazamientos de texto ("Algunos preguntaban si era poeta. . . " o "Todo a veinte, años después"), mezcla palabras con símbolos matemáticos y hasta incluye un pentagrama, como en " Háblenos de su pasado" , del libro Fuera del margen ( 1992) .

Pero el surrealismo se filtra por otro lado, como cuando en "Algunos preguntaban si era poeta. . . " de repente dice Levantaban la tapa del piano / y me dejaban pasar .

Luis Luchi reivindica las cosas más simples para la poesía: herramientas de trabajo o una gota de lluvia que cae sobre un paraguas pueden ser materia para sus poemas. En su poesía, sustantiva y directa, tienen cabida todos los temas, desde los más vulgares hasta los universales, como la amistad y el amor.

Hay poemas que son casi una instantánea de situaciones cotidianas ("Cerrado por duelo"), un cuadro de costumbres ("Belgrano mi general"; "Che, turco"). "Yo escribo para decir cosas que tienen que ver con un pensamiento y con una propuesta -dijo en una oportunidad-. No estoy con el artepurismo ni tengo nada que ver con la Torre de Marfil. Mi poesía se dirige al hombre. En este mundo poético donde todo, absolutamente todo, puede ser materia del poema, el
centro es el hombre y sus dichas y desdichas cotidianas".

Una de las maneras de captar los sufrimientos y alegrías
del hombre es mediante sus propias experiencias: el poeta
viaja, camina, recorre la ciudad, observa situaciones desde
la ventanilla del tren y después poetiza lo vivido.

Este motivo del homo viator, otra constante en la poesía de Luchi, puede verse en "Maneras de empezar una conversación", pero está más claramente expresado en "Caminando despacio", de El ocio creador (1960), por citar sólo dos ejemplos.

Son también producto de su poder de observación y de
su permeabilidad a todo lo humano, poemas como "Los
apellidos y las profesiones", de El obelisco y otros poemas, o "Los nombres y el amor", de Poemas cortos de genio (1970), estructurados sobre la sucesión onomástica y destacables por su humor e ironía.

Podemos citar asimismo "Admiración por los próceres", de ¡Gracias, Gutenberg! (1980), donde la acumulación de nombres de calles, cada una con la reflexión o comentario que desata en el poeta, muestra que la ironía como rasgo de estilo es una de las formas de su espíritu contestatario.

En éste, su último libro, Luis Luchi vuelve al barrio. Es exagerado hablar del "periplo del héroe" pero hay, sí, un círculo que se cierra. El tono de Amores y poemas en Parque Chas. está mucho más emparentado con el de El obelisco y otros poemas que con el de Jardín zoológico (1995) o Poemas y Pinturas ( 1999) .

El barrio está plasmado en escenas ("Cerrado por duelo", "Relaciones de la familia Chas con mi familia y la de los vecinos", "Che, turco", "Once pepinos fóbal club") o en pormenores como los nombres de las calles o la inundación que las lluvias producen en la calle Pampa.

No hay, nunca las hubo, descripciones de Parque Chas, quizá porque importan más la escena y los actores que el escenario.

A lo mejor también por este motivo, en algunos poemas escritos en España, Buenos Aires y Barcelona se encuentran en pequeños detalles (el nombre de una calle, una línea de colectivo, un parque...). Por último, el Parque Chas de Luchi es el de su niñez y adolescencia, el del recuerdo. ¿Paraíso perdido? Su manera de afirmar de aquí soy, aquí me quedo.

El señor Chas y el señor Grosso Pedro Gaeta
El poeta en Parque Chas
Pedro Gaeta

Relaciones de la Familia Chas con mi familia y la de los vecinos. Luis Luchi

Me gustaría empezar por ellos
para que no me duela tanto
por haber sido niño de acción
con los materiales del río de la luna,
de las obras en construcción
y los días calurosos en que se vivía
y no se dejaba vivir.
Hijos dilectos de la calle
consagrados a crecer
con los cuatro elementos
y la escarcha que congelaba el barro.
Allí se clavaron banderas invencibles
hacia todos los sentidos del paraíso
cambiando los trapos por zapatos
en los Incas y Triunvirato
para que Ramón el portero
nos dejara entrar en la escuela.
El Pampero que apagaba las mechas,
alumbrados a kerosén.
El agua que llovía de arriba
y de abajo cuando Pampa
nuestro río navegable
inundando los pozos ciegos
y los mates se tomaban con agua hervida.
El fuego rimaba con carbón,
los que después fueron árboles
crecían a la par de nuestra estatura,
dejándonos abajo,
reforzados con alambre
se convertían en cercos
para que cada familia
tuviera sus peleas privadas.
Bosque de cardos, abrojitos,
yuyos altos estimulando zoologías inclasificables,
cortina protectora de miradas curiosas
de su función de servicios y violaciones.
Cuánta, Dios, cuánta pureza, dios, cuánta.
Y cómo llegar grandes
apoyados en ladrillos de canto
señores Grosso Toscanos Avanti La Estrella
que en vez de convertirnos
en su mano de obra barata
nos tomábamos el tranvía siete
y volvíamos a veces de visita
y agitados y tarde
a los velorios de los abuelitos.


Obra publicada


Luis Luchi publicó en la Argentina trece libros: El obelisco y otros poemas (Buenos Aires, Signo Publicaciones, 1959), El ocio creador (Buenos Aires, Ediciones Stilcograf, 1960), Poemas de las calles transversales (Buenos Aires, Editorial Salamanca, 1964), La vida en serio (Buenos Aires, Editorial Stilcograf, 1964), Vida de poeta (Buenos Aires, A.Burnichon Editor, 1966), El muerto que habla (48 penúltimos poemas) -poemas cortos de genio (Buenos Aires, Ediciones Buenos Aires Leyendo, 1970), Ave de paso (Buenos Aires, Ediciones Noé, 1973), Los rostros (Buenos Aires, Ediciones Gente de Buenos Aires, 1973), Poemas 1946-1955 (Buenos Aires, Editorial Papeles de Buenos Aires, 1976), La pasión sin Mateo (Buenos Aires, Ediciones Gente de Buenos Aires, 1976), Antología poética (Rosario, Santa Fe, Editorial Fundación Ross, 1986), Fuera del margen (Buenos Aires, Utopías del Sur, Cuadernos de Poesía Labio partido, 1992), Jardín Zoológico (Buenos Aires, Ediciones Último Reino, 1995).Y dos discos: Tango de música a lo lejos (Simple. Ediciones Gente de Buenos Aires, 1966. Poemas y voz: Luis Luchi. Música e intérprete: Eduardo Rovira. 1lustración de tapa: Pedro Gaeta) y Antología por mí (Larga duración. Poemas y voz: Luis Luchi. Producción y realización: Buenos Aires Oyendo, 1969).

En España:


¡Gracias, Gutenberg! (Barcelona, La lira argentina, 1980. Edición auspiciada por la Casa Argentina en Cataluña), Resumen del futuro (Barcelona, Ediciones del Escorxador, 1984), Mishiadura en las dos ciudades (Barcelona, Ediciones del Escorxador, 1993) , Contestarse a sí mismo en el canto (Barcelona, Ediciones Bajo El Poncho1997), Poemas y pinturas (Poemas de Luis Luchi y pinturas de Miguel Ratto "Kinoto".

Barcelona, Save As, 1999). Disco / Cassette: A medio hacer todavía (Larga duración. Jorge Sarraute, Alberto Szpunberg, Luis Luchi. 1982). Compact Disc : Todos se dan vuelta y miran. Poetas argentinos en BCN. (Barcelona, 1999. Poemas y voces: Susana Drangosch, Andrés Ehrenhaus, Jonio González, Luis Luchi, Alberto Szpunberg. Música: Jorge Sarraute. Poemas musicalizados interpretados por el grupo Vox Populi).